Saturday, August 1, 2026
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Lección de Karabaj: la receta de Ilham Aliyev para la victoria de Ucrania

Por Mira Hasanova

SHUSHA, Azerbaiyán — Para los periodistas ucranianos que visitaron Karabaj —liberado por las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán tras más de 30 años de ocupación armenia— este viaje fue mucho más que un recorrido informativo. Fue un recordatorio vivo de que la justicia existe, pero no se concede: se conquista.

Durante la guerra de 44 días en 2020 y la operación relámpago del 19 de septiembre de 2023, el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev —en su papel de Comandante Supremo— logró lo que muchos consideraban imposible: expulsar a las fuerzas separatistas armenias de Karabaj y poner fin a la presencia prolongada de las llamadas “fuerzas de paz” rusas. Los planes del Kremlin y sus representantes en la región se estrellaron contra el “puño de hierro” de un ejército determinado y un liderazgo nacional unido.

Aliyev no solo se convirtió en el arquitecto de una operación militar impecable, sino también en portavoz de una doctrina política aplicable a otros pueblos cuya integridad territorial está bajo amenaza. Cuando el periodista ucraniano Dmytro Gordon le preguntó qué consejo daría a Ucrania como líder de una nación victoriosa, su respuesta resonó como un manifiesto:
“Nuestra victoria es justa y completa. La justicia existe, pero hay que luchar por ella. Para lograrla, hay que trabajar cada día, acercarse a la victoria cada día. Si de ti depende la decisión final, debes consagrar tu vida a ese objetivo. Solo así se logra.”

Su otro consejo fue aún más claro: “Nunca rendirse, nunca aceptar la violación de la integridad territorial.” Estas palabras ya circulan como lema no solo en Ucrania, sino también en otras exrepúblicas soviéticas que enfrentan presiones del expansionismo ruso.

El mensaje no cayó en saco roto. En Rusia, los canales cercanos al Kremlin reaccionaron con histeria: “¡Azerbaiyán sigue el camino de Ucrania!”, “¡Baku se ha convertido en enemigo!”, “¡Preparémonos para la guerra en el Caspio!”. Incluso hubo llamados abiertos a bombardear la capital azerbaiyana.

¿Por qué tanta furia? Porque Aliyev propuso a Ucrania exactamente lo que Moscú teme: crear realidades sobre el terreno. No esperar salvadores externos, no ceder a chantajes geopolíticos, sino construir hechos con determinación nacional. Eso es precisamente lo que Rusia busca impedir con sus guerras híbridas, ocupaciones y ataques a infraestructura civil.

En un momento en que Donald Trump intenta presionar a Putin para negociar la paz, y Rusia sigue aferrada a su estrategia de expansión territorial, el ejemplo azerbaiyano se convierte en una inspiración. La victoria de Bakú revitaliza la moral ucraniana y refuerza su convicción de que es posible resistir, recuperar y reconstruir.

El renacimiento de Karabaj —con nuevos aeropuertos, carreteras y servicios públicos construidos a velocidad récord tras su liberación— no es solo un símbolo de victoria. Es una promesa de que incluso tras décadas de ocupación, un pueblo puede recuperar su tierra y convertirla en un hogar próspero.

Y también es un mensaje a Moscú: respetar el derecho internacional y abandonar la tentación imperialista. Porque las realidades impuestas por la fuerza no duran para siempre. Las que nacen de la justicia y la voluntad popular, sí.

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