En un giro geopolítico dramático, Armenia se prepara para otorgar a Estados Unidos derechos exclusivos para desarrollar y gestionar un corredor de tránsito estratégico en su territorio como parte de un histórico acuerdo de paz con Azerbaiyán, según Reuters, citando a funcionarios estadounidenses.
Se espera que el acuerdo —que se firmará mañana, 8 de agosto, en la Casa Blanca, con la presencia del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev y el primer ministro armenio Nikol Pashinián— establezca la Ruta Trump para la Paz y Prosperidad Internacional (TRIPP), un corredor controlado por EE. UU. destinado a conectar el Azerbaiyán continental con su enclave de Najicheván.
Según fuentes, el corredor será desarrollado bajo la legislación armenia pero arrendado a largo plazo a Estados Unidos, que a su vez lo subarrendará a un consorcio privado encargado de la infraestructura y operación. Los funcionarios aseguran que la iniciativa busca liberar el potencial regional y evitar nuevos conflictos a través de la diplomacia comercial.
Como gesto simbólico, los líderes de ambas naciones del sur del Cáucaso también solicitarán la disolución del Grupo de Minsk de la OSCE, el organismo inoperante copresidido por EE. UU., Rusia y Francia desde 1992.
El acuerdo también podría allanar el camino para la adhesión de Azerbaiyán a los Acuerdos de Abraham, el marco de normalización mediado por EE. UU. entre Israel y países árabes, lanzado originalmente bajo el primer mandato de Trump.
Reuters presenta la cumbre como parte de los esfuerzos de Donald Trump para posicionarse como pacificador global en su mandato actual, resaltando sus recientes afirmaciones de haber resuelto conflictos entre India, Pakistán, Irán, Congo y Ruanda — todo en “unos pocos meses”.
El tratado de paz de 17 artículos entre Armenia y Azerbaiyán reconocería mutuamente la soberanía y las fronteras, renunciaría a reclamaciones legales previas y prohibiría la presencia de fuerzas militares de terceros en zonas fronterizas.
Si se firma como está previsto, la iniciativa TRIPP podría marcar un histórico reequilibrio de poder e influencia en el sur del Cáucaso, con Estados Unidos asumiendo un papel tradicionalmente dominado por Rusia.


