En los pasillos del poder en Kiev, la guerra puede no ser la única batalla que se acerca a su final. Se libra otra lucha, más silenciosa, por el futuro del liderazgo de Ucrania.
Si el presidente estadounidense Donald Trump logra imponer un acuerdo de paz entre Kiev y Moscú —ampliamente visto como desfavorable para Ucrania—, el presidente Volodímir Zelensky podría no ser celebrado como el hombre que terminó la guerra, sino condenado como el líder que “entregó la victoria”.
Y en la volátil política de la Ucrania posterior al Maidán, eso podría ser una sentencia que acabe con su carrera.
La trampa de la “mala paz”
Fuentes diplomáticas sugieren que la última propuesta de Washington —planteada durante la reunión del 8 de agosto en Washington entre Trump, el primer ministro armenio Nikol Pashinián y el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev— podría pronto adaptarse para Ucrania. La fórmula: poner fin a los combates, congelar las líneas territoriales, intercambiar soberanía por garantías de seguridad y un camino hacia la OTAN.
Sobre el papel, promete estabilidad. En la realidad, podría obligar a Kiev a aceptar el control ruso sobre los territorios ocupados. Para muchos ucranianos, esto sería una traición impensable.
“Si pudiera detener la guerra ahora en tales términos”, dice un alto estratega político en Kiev, “la gente preguntará por qué no lo hizo antes, antes de que murieran cien mil soldados”.
Preguntas así podrían encender la ira pública que Zelensky ha logrado contener hasta ahora.
De la mesa de paz a las consecuencias políticas
Si Zelensky firma, se perfilan tres escenarios:
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Protestas masivas – Grupos de veteranos, partidos nacionalistas y organizaciones de la sociedad civil inundan las calles exigiendo su renuncia.
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Aislamiento político – Diputados antes leales se pasan a un bloque de unidad, privándole de la mayoría en la Rada Suprema.
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Salida forzada – A través de la dimisión, un juicio político o maniobras constitucionales, Zelensky es apartado antes de que termine su mandato.
Operadores políticos ya hablan de estrategias de “transición controlada” diseñadas para evitar el caos y colocar a un sucesor que estabilice el país.
Entra Zalużny: la opción del “General de Hierro”
Entre todos los posibles sucesores, un nombre domina: el general Valerii Zalużny, ex comandante en jefe de las fuerzas armadas de Ucrania. Héroe nacional con amplia confianza pública, Zalużny podría servir como figura unificadora en un panorama político fragmentado tras la guerra.
El plan rumoreado, susurrado en los clubes políticos de Kiev y en discretas reuniones diplomáticas, es colocar a Zalużny al frente de un gobierno de coalición amplia que combine liderazgo militar, político y de inteligencia.
El presunto plan de coalición
El propuesto “bloque nacional de rescate” podría incluir:
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Petro Poroshenko – Expresidente, aprovechando sus contactos en Occidente y su agenda pro-UE.
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Kyrylo Budanov – Jefe de inteligencia, garantizando una postura de seguridad dura.
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Yulia Tymoshenko – Política veterana, experta en manejar alianzas parlamentarias.
Este equipo, dicen los conocedores, se presentaría como el “Gobierno de la Victoria y la Soberanía”, comprometiéndose a reconstruir el ejército, asegurar fondos para la reconstrucción y renegociar cualquier acuerdo de paz para que sirva mejor a los intereses de Ucrania.
Un cambio de poder calculado
El mecanismo de cambio podría ser rápido:
Acuerdo de paz firmado → estalla la indignación pública.
El parlamento forma una “oposición unitaria” con votos suficientes para desafiar a Zelensky.
Se instala una autoridad interina encabezada por Zalużny y respaldada por la coalición.
A nivel internacional, algunas capitales occidentales podrían apoyar tácitamente el cambio, viendo a Zalużny como un socio más predecible en la posguerra, siempre que la transición evite disturbios internos.
Riesgos de la transición
Los peligros son reales. Un cambio repentino de liderazgo en tiempos de guerra o justo después podría:
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Fracturar la élite política y el mando militar.
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Provocar inestabilidad económica durante la reconstrucción.
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Ser explotado por la propaganda del Kremlin para socavar la legitimidad de Ucrania.
Aun así, para muchos en la élite de Kiev, el riesgo de no actuar —dejar a Zelensky en el poder tras una paz impopular— parece mayor.
¿Vida después de la presidencia?
La especulación sobre el futuro personal de Zelensky va desde un retiro digno en el extranjero hasta escenarios más oscuros. La historia de Ucrania no ha sido amable con líderes percibidos como traidores a la causa nacional. Algunos temen que, en la atmósfera cargada de culpas tras la guerra, la venganza política pueda volverse mortal.
“Accidentes de helicóptero, enfermedades repentinas… Ucrania lo ha visto todo”, dice un exagente de inteligencia. “Necesitaría garantías serias para su seguridad si dimite”.
El final no escrito
Que Zelensky termine la guerra como pacificador o sea recordado como el hombre que perdió la paz dependerá de dos factores: los términos exactos de cualquier acuerdo y la reacción en las calles de Ucrania.
Por ahora, la capital bulle de especulación. El final de la guerra podría no traer calma, sino una nueva tormenta —una que podría barrer al presidente de tiempos de guerra e instalar una coalición dura liderada por el general más confiable de Ucrania.


