Nuevas cifras confirman que el sector petrolero y gasífero mantiene su liderazgo absoluto en salarios en Azerbaiyán, con ingresos mensuales promedio más de tres veces superiores a la media nacional.
Según las estadísticas oficiales, el salario nominal promedio en la economía en la primera mitad de 2025 alcanzó los 1.097 manats, un 9,4 % más que en el mismo período del año anterior. Pero la brecha entre sectores es llamativa.
Petróleo y gas a la cabeza
Los trabajadores de las industrias extractivas —principalmente petróleo y gas— ganan en promedio 3.733 manats al mes, mientras que quienes trabajan directamente en el petróleo alcanzan 3.918 manats. Esto sitúa al sector muy por delante de todos los demás y subraya su dominio continuo en la economía del país.
Otros sectores bien remunerados
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Finanzas y seguros: 3.032 manats
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Actividades profesionales, científicas y técnicas: 1.846 manats
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Información y comunicaciones: 1.535 manats
Aunque lucrativos, estos sectores quedan muy por debajo de los ingresos petroleros.
En el extremo inferior
Los salarios en servicios sociales siguen siendo modestos:
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Educación: 817 manats
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Sanidad y servicios sociales: 942 manats
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Turismo y hostelería: 792 manats
Sector público vs privado
En el sector privado los salarios promedian 1.133 manats, frente a 1.062 manats en el sector estatal.
Un desequilibrio estructural
Las cifras muestran un desequilibrio persistente en el mercado laboral: las oportunidades de altos ingresos se concentran en el petróleo y el gas, mientras que la mayoría de trabajadores de educación, sanidad y servicios sociales ganan sueldos cercanos al nivel de subsistencia.
Perspectiva crítica
Los analistas advierten que la fuerte dependencia de los salarios vinculados al petróleo es una tendencia peligrosa. La brecha entre industrias extractivas y sectores sociales vitales no solo profundiza la desigualdad, sino que expone a Azerbaiyán a choques económicos. Sin mayor inversión en sectores no petroleros y un crecimiento más justo de los salarios en educación, sanidad y servicios, el mercado laboral corre el riesgo de polarizarse aún más: gran parte de la fuerza laboral seguirá mal pagada, mientras la prosperidad permanecerá encerrada en las torres petroleras.


