Tuesday, July 28, 2026
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Hora de admitirlo: Rusia se está convirtiendo en la Alemania fascista del siglo XXI

Por: Minval Politika

Declarado oficialmente o no, Rusia ha emprendido de facto una guerra contra Azerbaiyán. Las acciones hostiles de Moscú hacia Bakú son ya incontables.

En la noche del 18 de agosto, las fuerzas rusas atacaron nuevamente una instalación energética azerbaiyana en Odesa, destruyendo más de diez depósitos de almacenamiento. Fue el segundo ataque en poco más de una semana. No hay razones para creer que Moscú se detendrá mientras rechace el diálogo y siga apostando por la coerción.

Un patrón de hostilidad
Durante años, Azerbaiyán toleró en silencio la agresividad rusa. Esa paciencia se agotó cuando los ataques se transformaron en puro terror. En lugar de buscar soluciones, Moscú recurrió a sus métodos habituales: sabotaje e intimidación. Pese a firmar tratados de alianza, nunca construyó relaciones equilibradas con sus vecinos. Sus compromisos nunca fueron más que papel mojado.

Muchos llaman a esto “síndrome imperial”. Pero tras 30 años de independencia es evidente: los Estados postsoviéticos no son colonias de un imperio desaparecido, sino naciones soberanas. Rusia aún se niega a aceptarlo — y tampoco ha aprendido a negociar en pie de igualdad.

Del imperialismo al fascismo
La diplomacia rusa se ha degradado a una propaganda burda, eco del periodo soviético pero todavía más corrupta. El Kremlin cree que sólo la coerción puede forzar “buenas relaciones” con sus vecinos.

Peor aún, Moscú comienza a abrazar ideas de superioridad racial e incitar al odio étnico. Así fue precisamente como surgió el fascismo en la Alemania nazi.

Los paralelismos son claros:

  • Alemania 1933–1935: restricciones graduales contra los judíos, ataques “espontáneos”, boicots, prohibiciones laborales y pérdida de derechos civiles.

  • Rusia hoy: demonización sistemática de no rusos, propaganda selectiva y leyes discriminatorias para marginar comunidades enteras.

Un ejemplo alarmante
El 1 de septiembre de 2025, la región rusa de Yamal-Nenets introducirá nuevas restricciones laborales dirigidas a ciudadanos de Azerbaiyán, Tayikistán y Uzbekistán. A los migrantes de estos países se les prohibirá trabajar en comercio y transporte, incluso si poseen permisos legales.

Así comienza el fascismo: la propaganda alimenta el odio, el Estado codifica la discriminación y luego llega la violencia. El rumbo actual de Rusia recuerda peligrosamente al camino que tomó Alemania en la década de 1930.

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