En Moscú, la justicia ha alcanzado nuevas fronteras: ahora no solo es ilegal usar Instagram, sino incluso saber cómo conseguir una palomita azul. El Tribunal del Distrito de Kuntsevsky decidió recientemente que las instrucciones para conectarse al servicio de verificación de Meta son “criminógenas” y podrían “financiar el extremismo”.
Piénsalo: un simple distintivo digital, que en el resto del mundo indica identidad verificada, en Rusia equivale a colaborar con terroristas. El fiscal que impulsó el caso alegó que publicar información sobre las suscripciones a Meta Verified socava la seguridad del Estado. El tribunal asintió.
Ya no se trata de controlar una plataforma; se trata de controlar la información misma. Si el conocimiento es poder, en la Rusia de hoy el conocimiento es contrabando. Incluso la curiosidad —“¿cómo se consigue la palomita?”— resulta sospechosa.
La ironía es evidente: el Kremlin siempre ha temido a los gigantes tecnológicos occidentales, pero prohibir la palomita azul es símbolo de una paranoia más profunda: un Estado tan inseguro de su control que incluso los símbolos de legitimidad digital son recastados como armas. En este clima, la libertad de expresión no solo se restringe: se ridiculiza.
¿Qué sigue? ¿Prohibir manuales para actualizar WhatsApp? ¿Criminalizar la palabra “login”? En un país donde las redes sociales están proscritas, el régimen ahora decidió que incluso las instrucciones son demasiado peligrosas.
La palomita azul antes significaba credibilidad. En Rusia, ahora significa miedo.


