Sunday, July 26, 2026
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El acto de equilibrio de Trump: misiles para Kyiv, pero Putin sigue en la mesa

La administración Trump acaba de aprobar la venta de 3.350 misiles ERAM de largo alcance a Ucrania por 850 millones de dólares — un paquete que parece audaz en el papel pero con asteriscos en la letra pequeña.

Los misiles llegarán a Ucrania en seis semanas, con un alcance de 241 a 450 kilómetros (150–280 millas). Cifras impresionantes, pero con trampa: cada lanzamiento requerirá aprobación del Pentágono. En otras palabras, Kyiv recibe el hardware, Washington conserva el gatillo.

El momento del anuncio no es casual. La aprobación se retrasó hasta después de que Donald Trump se reuniera con Vladímir Putin en Alaska y con Volodímir Zelenski en Washington — una coreografía que refleja la cuerda floja en la que camina Trump. Quiere armar a Ucrania, pero no tanto como para empujar a Rusia al límite.

Durante meses, Trump calificó los ataques profundos en territorio ruso como “escalada inaceptable”. El Pentágono hizo cumplir esa línea, bloqueando discretamente a Ucrania en el uso de armas occidentales de largo alcance para esas misiones. Y sin embargo, aquí llega un enorme envío precisamente de esos misiles.

Los aliados europeos pagan la mayor parte de la factura, reflejando su desesperación por mantener a Ucrania en la lucha. Rusia, como era de esperar, condenó la medida advirtiendo que “solo prolongará el conflicto”. Pero la verdadera historia es esta: EE.UU. arma a Ucrania y, al mismo tiempo, mantiene a Putin en la sala.

Esto no es un cheque en blanco para Kyiv — es un goteo controlado de poder. Suficiente para sostener, no para desatar. Trump apuesta a que este acto de equilibrio mantendrá la guerra contenida. ¿El riesgo? Un solo error de cálculo y esos 280 millas de alcance podrían redefinir el campo de batalla de la noche a la mañana.

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