El mercado mundial de la carne atraviesa una escalada sin precedentes, que ya dura dos años consecutivos. En Estados Unidos, el precio de la carne de res subió un 15,9 % en un año, situándose en más de 6,3 dólares por libra. En la Unión Europea, los datos de la Comisión Europea muestran que en agosto el precio de 100 kg alcanzó los 662,31 euros, un 32,8 % más que en el mismo período del año anterior. En el Reino Unido, la situación es aún más grave: el kilo de carne pasó de 7,2 a 10,6 libras, lo que supone un incremento anual del 47 %, frente a una inflación del 3,8 %.
Factores detrás del encarecimiento
Según los expertos, los aumentos se deben a varios factores. La carne de búfalo y cordero son las que más han subido. La fuerte demanda de grandes importadores como China y Estados Unidos impulsa los precios en países productores como Australia y Brasil. En julio, el índice mundial de precios de la carne alcanzó los 127,3 puntos, un récord histórico. El índice global de precios de los alimentos de la FAO llegó a 130,1 puntos, el nivel más alto en dos años.
Azerbaiyán: precios e importaciones
En 2022, el precio medio de la carne importada en Azerbaiyán fue de 3972 dólares por tonelada, un 6,6 % más que en 2021. Sin embargo, el volumen importado cayó drásticamente a 6100 toneladas. El valor total de las importaciones fue de unos 24,1 millones de dólares.
Consecuencias para el mercado local
El economista Akif Nasirli subraya que el aumento global inevitablemente afectará a Azerbaiyán. La reducción de pastizales, la disminución del ganado y el encarecimiento de las importaciones limitan la oferta interna. Esto ejercerá presión sobre los precios locales, incrementando la carga sobre los presupuestos familiares.
Medidas y oportunidades
El Gobierno estudia un paquete de medidas para apoyar la ganadería, mejorar la gestión de la tierra y estimular la producción nacional de carne. Para Nasirli, aunque los precios récord son un desafío serio, también son una señal de oportunidad para reforzar la autosuficiencia alimentaria y diseñar una política sostenible que proteja a los consumidores.


