El camino hacia una paz duradera entre Azerbaiyán y Armenia puede requerir ahora que Armenia enmiende su constitución. El acuerdo de Washington del 8 de agosto compromete a ambas naciones a reconocer la soberanía y la integridad territorial de la otra y a renunciar a cualquier reclamación. Sin embargo, la constitución actual de Armenia incluye un lenguaje de su Declaración de Independencia de 1990 que sugiere lo contrario.
Esa declaración hace referencia a la “Armenia Occidental” y al estatus de Nagorno-Karabaj, términos que muchos ven como vestigios de ambiciones territoriales. El primer ministro Nikol Pashinyan ha aceptado la necesidad de una nueva constitución, lo que indica el reconocimiento por parte de Ereván de que eliminar ese lenguaje es crucial para respetar el espíritu del acuerdo de paz.
Los analistas señalan que, sin una alineación constitucional, el acuerdo podría enfrentar obstáculos legales o políticos, retrasando la normalización que ambos países buscan. El cambio propuesto no es meramente técnico: refleja la aceptación por parte de Armenia de las realidades posteriores a la guerra y sienta las bases de una estabilidad regional duradera.
Para Bakú, la reforma constitucional en Armenia cerraría uno de los últimos capítulos abiertos del conflicto de Karabaj. Para el Cáucaso Sur, podría significar el inicio de la tan esperada estabilidad.

