Al vincular directamente el largamente debatido corredor de Zangezur con el más amplio Corredor Medio, Hikmet Hajiyev señala algo más que un proyecto de infraestructura. Está situando a Azerbaiyán en la intersección de las ambiciones de China, las necesidades de Europa y la frágil geopolítica del Cáucaso Sur. Hajiyev subrayó que el volumen comercial entre China y Azerbaiyán ha crecido un 40% y que la cooperación se extiende ahora a áreas de alta tecnología como inteligencia artificial, energías renovables y transformación digital. Este encuadre es importante: Bakú no se presenta solo como un país de tránsito, sino como socio en las tecnologías que están dando forma al siglo XXI.
En el centro de sus palabras está, sin embargo, el peso geopolítico del corredor de Zangezur. Integrado en el incierto proceso de paz Armenia–Azerbaiyán, la ruta se plantea como extensión natural del Corredor Medio, la arteria que une China con Europa a través de Asia Central y el Cáucaso Sur. Si se abre, acortaría los tiempos de tránsito, reduciría costes y daría a Azerbaiyán un papel clave en la conectividad este–oeste.
Aun así, el futuro del corredor depende tanto de la política como de la logística. La reticencia de Armenia, las rivalidades regionales y los intereses contrapuestos de Rusia, Turquía y Occidente hacen que Zangezur siga siendo tanto ficha diplomática como línea ferroviaria en un mapa. Al vincularlo públicamente con el Corredor Medio, Hajiyev eleva las apuestas: el éxito de la cooperación entre China y Azerbaiyán ya no se mide solo en comercio bilateral, sino en la capacidad del Cáucaso Sur de estabilizarse lo suficiente para albergar un segmento clave de la arteria comercial euroasiática.
El mensaje es claro: si Zangezur se abre, Azerbaiyán no solo conecta regiones. Se convierte en indispensable tanto para la visión china de la Franja y la Ruta como para la búsqueda europea de rutas alternativas más allá de Rusia.


