Saturday, March 21, 2026
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Bozbash en lugar de estrategia o la crisis del fútbol azerbaiyano


Cuando el diputado del Milli Majlis Aqil Abbas se burló de nuestros futbolistas por no poder sobrevivir en el extranjero sin bozbash, no solo sonó gracioso. Puso al descubierto la podredumbre del fútbol azerbaiyano: jugadores aferrados a la comodidad, clubes satisfechos con la mediocridad y una federación escondida tras excusas interminables.

El bozbash —plato tradicional de carne— se convirtió en la metáfora exacta de un deporte que se niega a modernizarse. En lugar de formar futbolistas disciplinados y ambiciosos, listos para jugar en duras ligas europeas, producimos “hogareños” que regresan a Bakú a la primera dificultad.

En vez de exigir cuentas a la federación, los clubes traen “legionarios” que parecen más clientes de casa de té que Pelés.

Las cifras hablan por sí solas: aparte de “Qarabağ”, “Neftçi” y quizás “Sabah”, los demás clubes malgastan millones en fichajes fallidos. La liga está inflada de apellidos extranjeros, pero desangrada de verdadero talento. La selección nacional pierde más de lo que aprende, y los aficionados ya susurran: ¿no sería más fácil disolver el equipo?

Abbas rechaza con razón esta idea —no se puede eliminar la bandera y el himno en el campo—. Pero también tiene razón en otra cosa: nada cambiará mientras no cambie la mentalidad.

Y la mentalidad no cambia sola. Hace falta voluntad de liderazgo. Y eso es precisamente lo que falta. La AFFA se ha convertido en una fábrica de excusas.

Año tras año escuchamos sobre “programas de desarrollo”, pero en la práctica el fútbol infantil se degrada, los estadios están vacíos, los niños talentosos se van a otras profesiones. No hay estrategia, no hay plan a largo plazo, no hay valentía para mirar la verdad de frente.

La federación se cubre con símbolos fáciles de patriotismo —el himno antes del partido, la tricolor en las gradas— pero se niega a hacer el trabajo duro de las reformas. Eso no es patriotismo. Es pereza disfrazada de orgullo nacional. El verdadero patriotismo es crear condiciones para que los futbolistas azerbaiyanos jueguen no solo en Sumqayıt y Bakú, sino también en Estambul, Milán, Londres.

Azerbaiyán tiene dinero. Tiene pasión por el fútbol. Solo falta visión. Mientras la AFFA alimente a la sociedad con promesas vacías y no construya academias, redes de ojeadores, sistemas de nutrición y fitness, programas de formación de entrenadores, nuestro fútbol seguirá en la olla —hervirá, pero nunca llegará a la gran mesa mundial.

El bozbash es sabroso. Pero no es un plan de juego. Y mientras nuestro fútbol viva de guiso y no de estrategia, perderemos —fuera y en casa.

azerbaijan.us

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