Wednesday, March 4, 2026
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Las relaciones Rusia-Armenia se vuelven “establemente problemáticas” mientras Ereván corteja a Occidente


Los recientes comentarios del politólogo armenio Norair Dunamalyan, presentados en el canal ruso ReOpen Media, ofrecen una ventana sobre cómo el rumbo cambiante de Ereván está remodelando tanto sus vínculos con Moscú como el equilibrio regional de poder.

Su análisis subraya una transformación fundamental de las relaciones Rusia–Armenia, el giro europeo cauteloso de Armenia y el creciente peso de los corredores de transporte y energía que hoy definen la geopolítica del Cáucaso Sur.

Rusia-Armenia: De la Alianza a los “Problemas Estables”

Dunamalyan caracteriza las relaciones bilaterales desde 2020 como “establemente problemáticas”. El fin del factor Karabaj, que durante mucho tiempo ancló la dependencia de Armenia hacia Rusia, ha alterado tanto los lazos oficiales como las percepciones públicas. Lo que queda, sin embargo, es la dependencia estructural: Armenia todavía depende de Rusia para energía, infraestructura de transporte y garantías de seguridad, incluso cuando la retórica política se inclina hacia Occidente.

El curso de la llamada integración europea, argumenta, sigue siendo en gran medida declarativo, destinado a movilizar apoyo interno antes de las elecciones armenias de 2026. Ereván resalta los “estándares de la UE” sin comprometerse a una adhesión plena, usando la retórica como señal de independencia mientras evita rupturas irreversibles con Moscú.

La Postura Cautelosa de Moscú

Rusia, distraída por la guerra en Ucrania, ha evitado escalar las tensiones con Ereván a un conflicto abierto. En su lugar, persigue un enfoque mixto: aplicar presión económica y comercial mientras mantiene un compromiso diplomático suave.

Dunamalyan enfatiza que Moscú entiende que Armenia no puede escapar rápidamente de su dependencia del gas ruso, los ferrocarriles o la energía nuclear. Rusia, por lo tanto, conserva palancas de influencia, incluso cuando su imagen tradicional como garante de seguridad se erosiona.

La Arquitectura de Seguridad Después de 2020

La Segunda Guerra de Karabaj y el éxodo de armenios de Karabaj en 2023 desmantelaron el viejo equilibrio de poder. La influencia de Azerbaiyán está en aumento, mientras Turquía, Irán y las dinámicas más amplias de Oriente Medio—desde el enfrentamiento Irán–Israel hasta los corredores de transporte que conectan China con Europa—están reconfigurando el mapa del Cáucaso Sur.

En este entorno, argumenta Dunamalyan, ya no es exacto describir a Rusia como el garante de la seguridad regional. En cambio, está surgiendo un nuevo sistema de seguridad indefinido, sin un solo hegemón.

Corredores de Transporte: El Verdadero Campo de Batalla

Más allá de la política, la infraestructura puede resultar decisiva. La prioridad estratégica de Moscú es el Corredor Norte-Sur, que conecta Rusia con Irán e India. Sin él, Rusia corre el riesgo de quedar marginada de los flujos comerciales euroasiáticos. En contraste, el Corredor Medio—que se extiende desde China a través de Asia Central y el Cáucaso Sur hasta Europa—evita a Rusia y se promociona como una herramienta geopolítica de aislamiento más que como una ruta económica.

Aquí Armenia enfrenta exclusión. Los enlaces ferroviarios respaldados por Turquía desde Kars hasta Najicheván evitan el territorio armenio, dejando solo un estrecho tramo de 42 kilómetros a través de Syunik. Dunamalyan advierte que para 2030–2032, cuando muchos de estos proyectos se completen, Armenia corre el riesgo de quedar al margen de la conectividad euroasiática.

Kazajistán, EE.UU. y China

Sobre la cooperación entre EE.UU. y Kazajistán, Dunamalyan es escéptico. Ve la compra de locomotoras estadounidenses por parte de Astaná como simbólica, reflejando el deseo de Kazajistán de profundizar sus lazos con Washington. En contraste, las inversiones chinas en ferrocarriles y logística en toda Asia Central tienen mucho más peso, ya que construyen infraestructura permanente en lugar de comercio transaccional.

Petróleo, Sanciones y Resiliencia de Azerbaiyán

Pasando a la energía, Dunamalyan señaló que las restricciones de la UE a los petroleros azerbaiyanos son un golpe reputacional, pero no una amenaza sistémica. Azerbaiyán mantiene socios cercanos en Italia y el Reino Unido dispuestos a importar hidrocarburos, lo que da a Bakú margen de maniobra. Más importante aún, Azerbaiyán carece de volúmenes para abastecer a toda Europa; su importancia radica en el Corredor Sur de Gas—los gasoductos TANAP y TAP—que alimentan al sur de Europa y los Balcanes.

También sugirió que la especulación de que el petróleo y gas rusos transitan por rutas azerbaiyanas y turcas añade una capa de complejidad geopolítica. Mientras tanto, los ataques contra la infraestructura de SOCAR en Ucrania son dañinos pero no decisivos para la estrategia energética general de Azerbaiyán.

Pragmatismo Sobre Ideología

El análisis de Dunamalyan sugiere que el curso occidental proclamado por Armenia está limitado por realidades estructurales. Rusia, aunque debilitada, mantiene herramientas de influencia, mientras Azerbaiyán se fortalece como un centro de tránsito y energía. El campo decisivo será la infraestructura—oleoductos, ferrocarriles y corredores—que dará forma al equilibrio de poder hacia la década de 2030.

En su opinión, la política exterior de Rusia se ha vuelto más “pragmática”, enfocándose en Ucrania, Bielorrusia y los frentes geopolíticos inmediatos, mientras tolera el coqueteo retórico de Armenia con la UE. Para Ereván, sin embargo, el riesgo es la marginación estratégica: atrapado entre aspiraciones europeas y la dura geografía de las rutas de transporte que evitan su territorio.

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