La séptima cumbre de la “Comunidad Política Europea”, celebrada en Copenhague, se recordó no solo por la reunión de líderes mundiales, sino también por los detalles simbólicos de su ambientación.
Según informó Vesti.az con referencia a Qafqazinfo, en el lugar donde la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, recibía a los jefes de Estado y de gobierno, los invitados estaban rodeados de un fondo de girasoles en flor. En cada mesa también se colocaron figuras de girasol elaboradas por la conocida empresa danesa Lego Group. Este gesto simbólico de la nación anfitriona no fue casual.
El girasol fue elegido como elemento central porque el tema clave de la cumbre fue la seguridad europea y la guerra de Rusia contra Ucrania. Desde hace mucho, el girasol se ha convertido en símbolo nacional de Ucrania: no solo es su flor principal, sino también signo de paz y resiliencia. Introducido desde América del Norte en el siglo XIX, pronto pasó a formar parte esencial de la economía ucraniana. Las tragedias del siglo XX le dieron un significado aún más profundo.
Tras la catástrofe de Chernóbil, los científicos sembraron girasoles en la zona de exclusión y descubrieron su capacidad de absorber hasta el 95% de los elementos radiactivos del suelo. En 1996, los ministros de Defensa de Ucrania, Rusia y Estados Unidos plantaron girasoles en una base de misiles en Pervomaisk como símbolo de renuncia al armamento nuclear. Desde entonces, esta flor se ha convertido en un emblema internacional del desarme nuclear y la paz.
Durante la actual guerra, el girasol volvió al centro de la escena. La historia de una mujer ucraniana que entregó semillas a soldados rusos diciéndoles: “Que crezcan girasoles donde caigan”, dio la vuelta al mundo. El símbolo se ha reflejado también en gestos de solidaridad internacional: desde el vestido de Jill Biden bordado con girasoles hasta las flores depositadas en Londres ante la embajada rusa desde el inicio del conflicto.
A pesar de todas las pruebas que afronta el pueblo ucraniano, el girasol sigue siendo un signo inmutable de esperanza, renovación y lucha por la paz, no solo para Ucrania, sino para el mundo entero.


