El reciente caso ocurrido en Mingachevir, donde un padre dejó a su bebé en un sótano, ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la seguridad de los niños abandonados en Azerbaiyán. La tragedia plantea una pregunta urgente: ¿podría la práctica internacional de los “baby-boxes” ser una solución viable para el país?
Mientras cientos de familias azerbaiyanas esperan durante años poder adoptar un niño, dispuestas a hacer cualquier sacrificio por escuchar risas infantiles en sus hogares, la dura realidad es que algunos padres biológicos abandonan a sus recién nacidos en las calles, cerca de contenedores o incluso en sótanos.
Ya entre los siglos XVII y XIX, en países como Reino Unido, Alemania y Suiza, se colocaban cunas especiales junto a las iglesias para dejar bebés de forma anónima. El padre tocaba una campana para avisar a los monjes. En la Turquía moderna, esta práctica existe cerca de las mezquitas, y en los últimos años Georgia también la ha reintroducido.
La Clínica de San José en Berlín representa un modelo contemporáneo. Un pasillo conduce al dispositivo conocido como baby-klappe (“ventana de la vida”). Cuando el bebé se coloca dentro y la puerta se cierra, una alarma automática avisa al personal médico, que atiende al recién nacido de inmediato. El principio clave es la completa anonimidad: no hay cámaras ni registro del progenitor. Dentro del box hay un folleto con un código QR que permite a la madre recuperar al bebé dentro de dos meses si cambia de opinión.
Una encuesta realizada en Bakú mostró que los ciudadanos, en general, apoyan la introducción de los baby-boxes en Azerbaiyán.
“Sería algo bueno. En lugar de tirar al niño a la basura, al menos sabes que el Estado cuidará de él”, opinó un encuestado.
“No es lo mismo dejarlo junto a un contenedor que en un lugar limpio y protegido”, añadió otro.
La diputada Parvana Valiyeva señaló que, aunque en Azerbaiyán los padres pueden entregar legalmente a sus hijos a hospitales o refugios, la falta de anonimato empuja a muchos a dejarlos en lugares peligrosos.
“Según la Constitución y la Convención sobre los Derechos del Niño, de la cual Azerbaiyán es parte, el Estado es el principal garante de los derechos de los menores. Por eso, estos dispositivos podrían proteger tanto la identidad de los padres como la vida de los bebés”, explicó.
La legislación vigente establece penas de hasta tres años de prisión por abandonar a un hijo. Además, por poner en peligro la vida de una persona indefensa, se prevé una multa de entre 1.000 y 1.500 manats, trabajos comunitarios de un año o seis meses de cárcel.


