Entre semana, Sakina Mukhtarli trabaja como responsable de salud y seguridad en el Ayuntamiento de Leeds. Pero los fines de semana adopta otro papel: enseñar a los niños el ritmo y la elegancia de las danzas folclóricas azerbaiyanas.
Criada en Bakú en una familia ligada a la música y la literatura, asegura que su pasión por la danza comenzó muy temprano. “Mi tío tocaba, y yo bailaba con su música”, recuerda. “Más tarde mi madre inscribió a mi hermana y a mí en el conjunto Jujalarim, donde subí por primera vez a un escenario.” Tras mudarse al Reino Unido en 2019 y asentarse en Leeds con su marido, músico y bailarín, comenzó a organizar clases de fin de semana. La mayoría de sus alumnos son jóvenes azerbaiyanos nacidos en Inglaterra, pero también ha enseñado en Londres y Cambridge a niños de Reino Unido, Rusia, Uzbekistán, Irán, España y Grecia.
“Al principio algunos niños consideran las danzas difíciles y muy exigentes,” explica, “pero al final de la clase sonríen y se sienten orgullosos de lo aprendido.”
Los trajes y movimientos suelen despertar curiosidad entre el público local. “Después de las actuaciones, la gente se acerca a preguntar sobre nuestro vestuario y tradiciones,” dice. “Ese interés nos da energía para seguir.”
Mukhtarli admite que la nostalgia es un reto constante: “Ningún lugar puede sustituir a tu tierra natal.” Sin embargo, enseñar danza le ha permitido mantener el vínculo. “Nuestro Estado apoya los proyectos culturales en el extranjero, pero nosotros mismos debemos organizar eventos, exposiciones, días de música y danza,” señala. “La danza es nuestra historia viva: nunca debe olvidarse.”
Incluso si solo llega un niño a clase, enseña con el mismo entusiasmo: “Porque un solo alumno puede transmitir ese conocimiento al futuro.”
Para ella, cada ensayo es más que coreografía: es una afirmación de identidad. “Dondequiera que vivamos, Azerbaiyán siempre está en nuestros corazones.”



