En Azerbaiyán entraron en vigor modificaciones al Código de Familia que prohíben de manera absoluta los matrimonios entre parientes cercanos. Sin embargo, en algunas regiones las tradiciones continúan enfrentándose a las normas jurídicas modernas.
Según reportes de medios, ciertas familias que defienden los matrimonios consanguíneos buscan formas de esquivar la prohibición. Alegan preservar el linaje, evitar que el patrimonio pase a manos ajenas o establecer lazos con familias influyentes. En casos extremos, algunos padres incluso contemplan renunciar legalmente a sus hijos para crear una base formal que permita tales uniones.
Juristas subrayan que estas maniobras carecen de validez. El abogado Mirguseyn Habibli explicó que las limitaciones o la privación de la patria potestad no liberan de responsabilidades y tampoco posibilitan legalizar matrimonios entre parientes. La ley se fundamenta en el parentesco biológico, lo que significa que, incluso sin documentos, la unión no puede celebrarse.
Las estadísticas médicas confirman la pertinencia de la prohibición: los hijos nacidos de estos matrimonios presentan mayores riesgos de enfermedades hereditarias, problemas de audición y visión, así como un aumento de casos de retraso mental.
El sociólogo Uzeyir Shafiyev sostiene que la clave está en la educación: “Si la población conoce mejor los riesgos médicos, dejará de buscar caminos alternativos para establecer estas familias”.


