En los últimos años, los bancos azerbaiyanos lanzaron campañas agresivas para promover los pagos sin efectivo y atraer clientes, ofreciendo a menudo generosos programas de devolución de dinero.
Los bancos compitieron anunciando altos retornos en varios tipos de transacciones, a veces de hasta un 5–10 por ciento. Pero hoy muchas de esas campañas se están reduciendo, lo más visible en la disminución de las tasas de cashback. ¿Por qué está ocurriendo esto?
Según Akif Nasirli, presidente del Centro de Economistas Liberales, la reducción de los programas de cashback puede explicarse por varios factores:
Presión regulatoria y aumento de costos.
Las nuevas normas sobre sistemas de pago, banca digital e infraestructura de tarjetas han incrementado los gastos operativos de los bancos. Para compensar estos costos, los bancos están recortando sus presupuestos de marketing y eliminando las costosas promociones de cashback.
Cambio en la estrategia competitiva.
Las ofertas altas de cashback sirvieron inicialmente como una herramienta para construir rápidamente bases de clientes. Ahora que el crecimiento se ha estabilizado, los bancos se enfocan en la calidad del servicio, las aplicaciones móviles y los productos de crédito. Mientras tanto, los comerciantes —que a menudo cargan con el verdadero costo del cashback a través de comisiones por transacción— muestran cada vez más resistencia a asumir esa carga.
Abuso y uso fraudulento.
Algunos clientes explotaron el sistema realizando compras falsas para generar cashback, como comprar artículos en una tienda asociada solo para devolverlos después. Estas prácticas provocaron pérdidas, lo que llevó a los bancos a imponer límites más estrictos o eliminar los programas.
Nasirli señala que en la mayoría de los países las campañas de cashback se limitan a categorías específicas como supermercados, restaurantes o estaciones de servicio. Los bancos azerbaiyanos parecen avanzar en la misma dirección, reemplazando las devoluciones masivas y de alto porcentaje con ofertas dirigidas y limitadas.
Lo que una vez fue una herramienta de marketing para atraer clientes, ahora se ha convertido en una carga financiera. Como resultado, las promociones están siendo reducidas y, en algunos casos, reemplazadas por sistemas de puntos de fidelidad o bonos.


