El máximo general de Irán pudo haber emitido su advertencia en Teherán, pero la audiencia prevista incluía a Azerbaiyán. El mensaje: la implicación de EE. UU. en el Cáucaso Sur es desestabilizadora. La respuesta desde Bakú: no lo suficiente como para cambiar de rumbo. Para Azerbaiyán, la presencia de Washington —desde las negociaciones de paz hasta el corredor “Trump Route”— es menos un peligro que una garantía. Refuerza los lazos con Turquía, tranquiliza a los inversores y consolida las ganancias de las guerras de 2020 y 2023.
Por qué Bakú no cambiará: Las quejas de Irán no son nuevas. Teherán se opuso a las tropas turcas entrenando en Azerbaiyán, a los contratos petroleros occidentales en el Caspio y a los acercamientos ocasionales de la OTAN. Nada de eso frenó la trayectoria de Bakú. El corredor respaldado por EE. UU. se percibe de la misma manera: algo que Irán desaprueba pero no puede detener.
El presidente Ilham Aliyev ha presentado el corredor como un proyecto soberano que une a Azerbaiyán más estrechamente con Turquía y Asia Central. En su cálculo, Irán puede protestar, pero al final se adaptará, como ya lo hizo cuando los drones turcos y los asesores militares se convirtieron en parte permanente de la defensa de Azerbaiyán.
Ecos regionales: El corredor debilita las propias rutas de tránsito de Irán, pero ese es precisamente su valor estratégico para Bakú. Reduce la dependencia de Teherán y Moscú al tiempo que inserta más profundamente a Azerbaiyán en redes respaldadas por Occidente y Turquía.
La conclusión: Irán puede preocuparse, pero Azerbaiyán calcula que tiene la mano más fuerte. Al alinearse con Washington y Ankara, Aliyev está construyendo un escudo frente a la influencia iraní y rusa. La advertencia desde Teherán, aunque registrada, probablemente no ralentice el ritmo.


