Sunday, March 22, 2026
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Estudiantes bajo presión: el aumento de los alquileres y la crisis de residencias en Azerbaiyán

Septiembre en Bakú siempre marca el inicio del curso académico y un repunte en el mercado de alquileres. Sin embargo, en 2023–2024 la situación alcanzó niveles inéditos: los precios suben de manera acelerada, los estudiantes no encuentran alojamiento asequible y las universidades junto al Estado buscan salidas al problema.

Subida de precios

Según agentes inmobiliarios, alquilar un piso de dos habitaciones en el distrito de Yasamal cuesta entre 600 y 650 manats. Uno de tres habitaciones va de 750 a 1.000, mientras que en edificios nuevos los precios oscilan entre 700 y 1.500 manats. Hace unos años un estudiante pagaba alrededor de 150 manats al mes; hoy el gasto medio es de 200–250.

El agente Vafadar Ajundov explica: “La llegada masiva de estudiantes cada septiembre dispara la demanda. Los propietarios aprovechan para inflar los precios. Para muchas familias, la renta equivale a la mitad de su presupuesto mensual”.

Oferta limitada

El problema no radica solo en la demanda estudiantil, sino en la escasa oferta. Muchos pisos se alquilan sin mejoras, pero a precios cada vez más altos. Además, en los nuevos edificios las cuotas comunitarias representan hasta un 10 % del alquiler.

El experto inmobiliario Elnur Farzaliev señala: “Cada vez más estudiantes deben mudarse a las afueras —Jirdalan, Masazir, Absheron—. Esto implica pasar horas diarias en transporte y afrontar gastos adicionales”.

Herencia soviética

El mercado de alquiler está tensionado, pero la situación de las residencias estudiantiles es aún más crítica. En tiempos soviéticos, casi todas las universidades disponían de dormitorios. Las condiciones eran básicas, pero suficientes. A partir de los años noventa, muchos edificios fueron ocupados por desplazados internos procedentes de zonas ocupadas por Armenia.

Hoy, con el proceso del “Gran Retorno”, algunos de estos desplazados vuelven a sus tierras, liberando plazas en residencias. Sin embargo, la mayoría de los edificios están en ruinas tras décadas sin reformas.

Caso universitario

Un ejemplo es la Universidad de Arquitectura y Construcción de Azerbaiyán. Según su portavoz Nijat Abdulayev, “solo un bloque ha sido renovado y alberga a más de 400 estudiantes con condiciones modernas. El resto está declarado inhabitable. Buscamos junto al ministerio nuevas fuentes de financiación”.

La voz del Parlamento

Los diputados recuerdan que el problema está ligado al crecimiento del número de estudiantes. En 1992 eran 99.000; hoy superan los 246.000. Sin embargo, apenas se han construido nuevas residencias.

El parlamentario Elchin Mirzabayli afirma: “No basta con restaurar edificios viejos. Necesitamos modernos complejos residenciales. Una solución es trasladar parte de las universidades a las regiones, crear campus y así reducir la presión sobre Bakú”.

Su colega Jeyhun Mamedov añade: “El Estado debe asumir un papel activo en la financiación de nuevas residencias. Sin alojamiento, los estudiantes piensan más en sobrevivir que en estudiar”.

Propuestas

Economistas sugieren involucrar al sector privado, como ocurre en Turquía, donde constructoras edifican residencias y luego ceden cupos a universidades. El Estado regula los precios. Otros plantean usar fondos internacionales, matrículas de pago y alianzas público-privadas con créditos preferenciales.

Presión social

El impacto trasciende lo económico. Muchos estudiantes comparten piso entre cinco, otros pasan varias horas al día viajando desde suburbios. El resultado: fatiga, menor rendimiento académico y un nivel de vida precario.

Si no se construyen suficientes residencias modernas en los próximos años, la crisis se repetirá cada septiembre con el mismo patrón: subida de precios, tensión social y presión creciente sobre familias.

Conclusión

El mercado de alquiler y las residencias estudiantiles en Azerbaiyán se encuentran en un punto de inflexión. No basta con inversiones puntuales: se requiere una estrategia de largo plazo que combine modernización de infraestructuras, desarrollo de campus y cooperación con el sector privado. De lo contrario, los jóvenes verán la capital no como un centro de educación, sino como una fuente de estrés y carga económica.

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