Sunday, March 22, 2026
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Perdiendo el Cáucaso: lo que Putin aún quiere de Azerbaiyán


La influencia de Rusia en el Cáucaso Sur se desvanece, y ningún lugar lo refleja tanto como Azerbaiyán. Mientras Moscú se aferra a su vieja visión de esfera de influencia, Bakú avanza con decisión hacia Occidente, reconfigurando el equilibrio de poder regional.

El diario financiero griego Naftemporiki señala que las exrepúblicas soviéticas se alejan poco a poco de la órbita de Moscú. Azerbaiyán es uno de los ejemplos más claros: coopera de forma limitada con Rusia mientras amplía sus lazos con Occidente.

La influencia menguante de Moscú
“Putin solo busca mantener a los países vecinos bajo su influencia”, afirma Jakob Wollenstein, experto del Cáucaso en la Fundación Konrad Adenauer. “Azerbaiyán es uno de los que han optado por limitar su cooperación con Rusia.”

Pese a la gran diáspora en Rusia, Azerbaiyán ha evitado la dependencia. Las importaciones rusas se reducen en gran medida a alimentos y maquinaria, mientras que Bakú ha convertido su riqueza energética en un arma diplomática. El petróleo y el gas se exportan no solo a Ucrania, sino sobre todo a Israel y la UE — principalmente a través de Grecia y el gasoducto TAP.

El avance de Washington, la afrenta a Moscú
La señal más clara del declive ruso llegó el 8 de agosto, cuando Azerbaiyán y Armenia firmaron acuerdos de paz en la Casa Blanca bajo mediación estadounidense y con Donald Trump presente. Para los analistas, fue una humillación para Moscú.

“Fue una afrenta para Putin”, subraya Wollenstein. “Rusia ha sido el protector de Armenia desde la era soviética. Hasta hace poco, incluso las fronteras de Armenia con Turquía e Irán —y el principal aeropuerto de Ereván— estaban custodiados por rusos.”

El acuerdo abre paso al Corredor de Zangezur, que conectará Azerbaiyán continental con Najicheván a través del sur de Armenia, garantizando acceso directo a Turquía y Europa. En Grecia, ya lo llaman “La Ruta de Trump hacia la Paz y la Prosperidad Internacional”.

Asia Central sigue la tendencia
El giro geopolítico no se limita al Cáucaso. El 18 de agosto, el presidente uzbeko Shavkat Mirziyoyev elogió en Taskent la política exterior de Azerbaiyán y anunció un acuerdo de asociación reforzada con la Unión Europea. Definió a Azerbaiyán como un “puente estratégico” entre Asia Central y Europa y felicitó a Bakú por su pacto con Armenia mediado por EE.UU.

Desde la invasión rusa de Ucrania, las exportaciones de la UE a Uzbekistán se han duplicado respecto a 2021, alcanzando casi 4.000 millones de euros.

El Corredor Trump: esquivando a Moscú
El corazón de esta transformación es el llamado Corredor Trump: 4.250 kilómetros de ferrocarril y 500 de rutas marítimas que conectan China con Turquía a través del Caspio, y de allí con Alemania y Ucrania por el mar Negro. Todo ello sin pasar por Rusia ni Bielorrusia, ofreciendo una vía comercial libre de sanciones.

Según Naftemporiki, el proyecto acerca a Azerbaiyán, Armenia y Uzbekistán a Bruselas, convirtiéndolos en socios estratégicos y no en meros países de tránsito, mientras Moscú queda relegada.

Análisis: una esfera que se reduce
Para Putin, Azerbaiyán nunca fue un socio, sino un territorio a controlar. Pero la diplomacia impulsada por EE.UU., la necesidad europea de diversificar su energía y el giro hacia Occidente en Asia Central muestran que el Kremlin está perdiendo la capacidad de imponer condiciones. La pérdida de Azerbaiyán no es un tropiezo aislado, sino parte del colapso gradual de la esfera de influencia postsoviética de Rusia.

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