Por Farhad Mammadov, Director del Centro de Investigación del Cáucaso Sur
Mientras la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) se prepara para su cumbre del 25.º aniversario en Tianjin, del 31 de agosto al 1 de septiembre, todas las miradas están puestas en la agenda económica. Aunque la OCS se formó inicialmente como un bloque de seguridad contra el terrorismo, el extremismo y el separatismo, se está transformando en una plataforma con importantes implicaciones geopolíticas y geoeconómicas.
Para Azerbaiyán, actualmente socio de diálogo de la OCS, la cumbre no es simplemente otro evento diplomático: es una posible plataforma de lanzamiento hacia la membresía plena y una participación más profunda con los principales centros de poder de Asia.
El imperativo estratégico de Azerbaiyán
¿Por qué importa la OCS para Bakú? La respuesta está en tres prioridades interconectadas:
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Diversificación de la política exterior: Azerbaiyán se afianza en el multilateralismo euroasiático, reduciendo su dependencia de las estructuras occidentales y manteniendo lazos equilibrados con Europa y EE. UU.
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Liderazgo en conectividad: Con iniciativas como el Corredor Medio y la ruta propuesta de Zangezur, Azerbaiyán se posiciona como un centro de tránsito clave que conecta Este y Oeste, Norte y Sur.
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Diplomacia energética y Ruta de la Seda digital: El impulso de China por la integración digital dentro de la OCS se alinea con las ambiciones de Azerbaiyán en energía verde e infraestructura digital, sectores en los que los socios del Golfo ya invierten fuertemente.
Nubes sobre la cumbre
Pese al tono positivo, existen focos de fricción:
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Hostilidad India–Pakistán: Su conflicto en curso amenaza con eclipsar la agenda común.
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El factor Irán: El papel de Teherán como miembro complica el consenso, especialmente en su enfrentamiento con EE. UU. e Israel.
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Rivalidad China–India: Un reto estructural, aunque el pragmatismo reciente abre una ventana para el diálogo constructivo.
El cálculo de Bakú
Convertirse en miembro pleno de la OCS formalizaría el papel de Azerbaiyán en la arquitectura de seguridad y economía euroasiática. También le permitiría:
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Profundizar vínculos con China: Continuación lógica de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
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Alinear con aliados de Asia Central: Excepto Turkmenistán, todos son miembros de la OCS; la participación de Azerbaiyán reforzaría la integración túrquica bajo la OET.
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Expandir comercio y tránsito: Mediante regímenes aduaneros unificados, corredores digitales y marcos energéticos transfronterizos dentro de la OCS.
Pero también existe un componente geopolítico: Armenia sigue la misma ruta. Ambos países han solicitado la membresía plena, lo que añade una nueva dimensión a su rivalidad más allá del proceso de paz de Washington. Queda por ver si esto creará una dinámica competitiva o cooperativa.
La conclusión
Para Azerbaiyán, la cumbre de la OCS no es simbólica: se trata de blindar su política exterior en un mundo cada vez más fragmentado. Con EE. UU. girando hacia adentro y la UE enfrentando crisis, la integración euroasiática de Bakú es más que una elección estratégica: es una necesidad económica.
Si en Tianjin avanzan las discusiones sobre la membresía plena, esta cumbre podría convertirse en un punto de inflexión en el vector asiático de Azerbaiyán, acercando a Bakú al corazón de la red de poder euroasiática.


