Análisis de Farhad Mammadov (@mneniyefm)
Hace unos días, varios medios de comunicación y periodistas turcos publicaron fotografías falsas de la delegación azerbaiyana “aplaudiendo a Netanyahu”. En Azerbaiyán, la falsificación fue rápidamente identificada y Ankara localizó y castigó al periodista que la creó. Esto nos recuerda una vez más la necesidad de examinar de cerca la relación entre Azerbaiyán y Turquía y de mostrar toda la profundidad y amplitud de su alianza. La asociación es rica en contenido, pero es la dimensión emocional la que los adversarios intentan explotar. Incluso el copo de nieve más pequeño puede convertirse rápidamente en una bola de nieve. Por eso, las palabras y acciones siempre deben abordarse con la máxima responsabilidad.
La profundidad de las relaciones se observa en muchos campos. Se han implementado megaproyectos para llevar los recursos energéticos azerbaiyanos a los mercados globales, proporcionando a Bakú ingresos financieros y a Ankara diversificación energética. Las inversiones mutuas superan los treinta mil millones de dólares, de los cuales más de veinte mil millones corresponden a inversiones azerbaiyanas en Turquía. Azerbaiyán también respalda el salto tecnológico de Turquía, especialmente en sistemas de armamento.
En el plano geopolítico, los dos países se apoyan mutuamente en la arena internacional. Azerbaiyán ocupa un lugar central en la política turca hacia el Cáucaso Sur y Asia Central, y los logros de Turquía en la región han sido posibles gracias a su alianza con Azerbaiyán. Bakú también desempeña un papel clave en la Organización de Estados Túrquicos, actuando como iniciador y motor constante de la integración entre las naciones túrquicas.
Más allá del Cáucaso, Azerbaiyán respalda las políticas de Turquía en Oriente Medio –en Siria, Irak y otros lugares–, así como las posiciones de Ankara en el Mediterráneo Oriental, incluidas las relativas a la RTCN y a las disputas con Grecia y Chipre. Se coordinan actividades en África, mientras que el formato trilateral Bakú–Ankara–Islamabad va adquiriendo contenido. Se mantienen consultas constantes sobre la guerra entre Rusia y Ucrania y las relaciones con la UE, e incluso se hacen esfuerzos por crear plataformas de diálogo entre Turquía e Israel para reducir tensiones.
Turquía gana influencia cada año, pero su poder no siempre se corresponde con sus recursos económicos. Aquí es donde Azerbaiyán interviene con sus propios recursos para ayudar a sostener el ascenso de Ankara.
El liderazgo de los presidentes Ilham Aliyev y Recep Tayyip Erdoğan ha sido fundamental. Para Azerbaiyán, el éxito de Turquía es un objetivo real, porque Bakú ha invertido fuertemente en él –y esas inversiones deben dar dividendos, tanto económicos como geopolíticos.
Por esta razón, toda distorsión o provocación, como las noticias falsas y los ataques de información, debe detenerse de raíz para que no creen narrativas negativas. Azerbaiyán no es un satélite ni un socio menor. Es un aliado responsable de Turquía, sinceramente comprometido con el fortalecimiento y la prosperidad de Ankara, porque en ello ve su propia fuerza y prosperidad.
Azerbaiyán tiene sus propias opiniones independientes, destinadas a construir plataformas para resolver los problemas de Turquía cuando Ankara enfrenta crisis con otros actores. Cualquier estado que busque ampliar su influencia valoraría a un aliado como Azerbaiyán. En esto, Turquía tiene suerte y debe apreciar y aprovechar plenamente las oportunidades que Azerbaiyán ofrece en el escenario internacional.
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