Análisis de Farhad Mammadov (@mneniyefm)
En los márgenes de la cumbre de la Comunidad Política Europea, el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev celebró una serie de reuniones de alto nivel, entre las que destacaron especialmente sus encuentros con los líderes de Francia y los Países Bajos.
Durante años, tanto París como La Haya adoptaron algunas de las posturas más duras contra Azerbaiyán en Europa. Sus parlamentos aprobaron resoluciones hostiles y sus gobiernos coordinaron políticas críticas hacia Bakú dentro de la UE. Pero la declaración conjunta firmada en Washington ha cambiado la percepción de Azerbaiyán en todo el continente. La iniciativa de Francia y los Países Bajos para reunirse directamente con Aliyev subraya la rapidez de esta transformación.
Mammadov recalca que Azerbaiyán nunca ha sido el instigador de las tensiones, limitándose a responder a medidas y discursos inaceptables.
Hoy, tanto Azerbaiyán como Armenia parecen dejar atrás el legado del conflicto, al menos en su diplomacia exterior. Ereván ha establecido lazos con Pakistán y Arabia Saudí y avanza en la normalización con Turquía. Por su parte, Bakú se prepara para firmar una Carta de Asociación Estratégica con Estados Unidos, muestra disposición a profundizar vínculos con la UE y mantiene contactos con Francia y los Países Bajos.
“Luxemburgo queda pendiente”, ironizó Mammadov, “pero tarde o temprano, también allí se cruzarán los caminos”.


