Friday, July 31, 2026
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Cumbre de Alaska: los aliados cuestionan la determinación de EE. UU. mientras el Kremlin explota el simbolismo

El marco histórico de la cumbre Trump–Putin en Alaska generó inquietud entre los aliados de Washington y alimentó la propaganda del Kremlin, según la analista política estadounidense Irina Tsukerman.

Alaska no es un estado cualquiera: recuerda la venta de tierras del siglo XIX que puso fin a las ambiciones imperiales de Rusia en Norteamérica”, dijo Tsukerman a Oxu.Az. “Celebrar la cumbre allí volteó el simbolismo. En vez de subrayar la dominación estadounidense, le dio a Moscú la oportunidad de presentar a Putin como quien recupera terreno perdido”.

Una señal inquietante para los aliados de la OTAN

Tsukerman advirtió que los miembros de la OTAN en Europa oriental vieron la sede como una señal peligrosa. “Lejos de reforzar la disuasión, Washington pareció dispuesto a otorgar legitimidad y un escenario cargado de resonancia histórica a Moscú”, señaló. “Los aliados que dependen de la determinación de EE. UU. para frenar la agresión rusa se preguntan: ¿está Washington realmente comprometido con una estrategia de contención a largo plazo?”

Un regalo para los rivales de EE. UU.

La puesta en escena trascendió Europa. “Pekín, Teherán y Pyongyang venderán la cumbre como prueba de que incluso una Rusia aislada puede llevar al presidente estadounidense a su terreno”, explicó. “El Kremlin convirtió una reunión en EE. UU. en victoria propagandística, presentándose como quien dicta los términos en suelo americano.”

Narrativa del Kremlin reforzada

Pese a la débil economía de Rusia, la represión y los errores estratégicos, las imágenes de Alaska otorgaron a Moscú una ganancia psicológica. “Putin entró como si regresara a su palacio, marcando ritmo y tono de las conversaciones”, dijo Tsukerman. Los medios estatales rusos amplificaron el momento como prueba de una ‘influencia eterna’.

Sin avances, pero con victoria simbólica

La cumbre terminó sin acuerdos concretos, pero para Putin eso importó poco. “En casa obtuvo un triunfo propagandístico sin conceder”, concluyó Tsukerman. “Washington, que debía imponer las condiciones, acabó pareciendo el lado que cede —una narrativa que el Kremlin explotará sin descanso.”

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