Los debates sobre el futuro de la base militar rusa 102 en Gyumri vuelven a intensificarse, mientras crecen en Armenia las protestas que exigen su cierre.
El tema se ha convertido en un punto álgido dentro de la cambiante arquitectura de seguridad de Ereván y plantea la cuestión de si la base, establecida en 1995 y prorrogada hasta 2044, sigue sirviendo a los intereses de Armenia o si se ha transformado en una carga.
El diputado azerbaiyano Elchin Mirzebeyli, en declaraciones a Oxu.Az, subrayó que, si bien el gobierno armenio puede denunciar el tratado, hacerlo desencadenaría graves riesgos políticos, económicos y de seguridad.
“Teóricamente, Ereván podría intentar cancelar el acuerdo, pero en la práctica hoy un paso así resulta muy poco probable. Cualquier acción unilateral significaría una escalada brusca con Moscú”, afirmó.
Un símbolo de dependencia y un objetivo potencial
Mirzebeyli destacó que la presencia de una base rusa socava la soberanía de Armenia, limitando su margen de maniobra con los socios occidentales. “En un momento en que Armenia habla de integración europea, una base militar extranjera en su territorio actúa tanto como recordatorio de dependencia como palanca de presión en manos de Moscú”, señaló.
Agregó que, en caso de crisis, la base podría convertirse fácilmente en un “objetivo legítimo”, exponiendo al propio país a mayores riesgos de seguridad. Incidentes como el asesinato de 2015 en Gyumri cometido por un soldado ruso, argumentó, muestran la relación frágil y tensa entre la población local y el contingente ruso.
Riesgos estratégicos y sociales
Según el parlamentario, la base también participa en operaciones de inteligencia e influencia, lo que erosiona la confianza entre vecinos y complica los arreglos de seguridad regional. “No solo proyecta poder hacia afuera; también corroe la cohesión social de Armenia desde dentro”, enfatizó.
Perspectivas
En última instancia, el destino de la base 102 dependerá no solo de las cláusulas legales, sino también de la orientación de la política exterior de Armenia, de la evolución de sus relaciones con Moscú y del nuevo orden de seguridad regional. Por ahora, el cierre parece improbable —pero la presión sobre Ereván para redefinir su postura en materia de seguridad crece cada vez más.


