Friday, July 31, 2026
spot_imgspot_img

Últimas

spot_img

Publicaciones Relacionadas

El Kremlin se vuelve contra los suyos: por qué Serguéi Markov se convirtió en el último “enemigo” de Moscú


Por Eldar S.

El analista político ruso Serguéi Markov, exdiputado de la Duma Estatal y leal aliado de Vladímir Putin durante décadas, admitió públicamente que teme una persecución penal después de que el propagandista de la televisión estatal Vladímir Soloviov pidiera encarcelarlo.

“Por supuesto que tengo miedo. Él [Soloviov] prometió incluirme en la lista de ‘agentes extranjeros’. Y lo logró”, dijo Markov a Ostorozhno Media, subrayando que pese a la presión aún “quiere creer en Rusia”.

El caso generó polémica porque Markov no es opositor. Durante décadas fue un fiel portavoz del Kremlin, defendiendo los relatos de Moscú dentro y fuera del país. Sin embargo, su nombre apareció recientemente en el registro de “agentes extranjeros” del Ministerio de Justicia —un movimiento que muchos interpretan como castigo político más que como formalidad legal.

Shusha: El punto de quiebre
Los problemas de Markov se remontan a su participación en el foro mediático de Shusha en julio, donde el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev reafirmó abiertamente la integridad territorial de Ucrania. Markov no objetó ni lo contradijo —y en la lógica rígida del Kremlin, ese silencio fue imperdonable.

No fue el único. Mijaíl Gusmán, subdirector de TASS y también presente en Shusha, fue destituido de inmediato. El mensaje de Moscú fue claro: cualquier figura pública rusa que no refute la retórica de Aliyev se expone a la ruina política.

La lealtad no vale nada
Que Rusia etiquete a Markov como “agente extranjero” es una paradoja amarga. Toda su carrera se dedicó a amplificar las posiciones de Putin. Sin embargo, su “delito” no fue cercanía con Occidente, sino mostrarse demasiado tolerante con la postura de Azerbaiyán en un momento sensible.

Esto refleja las ansiedades más profundas de Moscú. Mientras Azerbaiyán gana protagonismo —desde acuerdos de paz respaldados por Washington hasta declaraciones audaces sobre Ucrania— la influencia del Kremlin en el Cáucaso Sur se muestra cada vez más frágil. Incapaz de responder directamente a Bakú, Rusia descarga su ira hacia adentro, castigando a sus propios voceros.

Un precedente escalofriante
El caso de Markov ilustra una nueva etapa en el sistema autoritario ruso: disciplinar incluso a la lealtad. Su inclusión en la lista negra no se trata de dinero extranjero ni de propaganda hostil. Se trata de marcar líneas rojas en la rivalidad Rusia–Azerbaiyán y de advertir a los demás.

La señal es inequívoca: en la Rusia actual, callar en el momento equivocado puede ser tan peligroso como disentir abiertamente.

Artículos Populares