Friday, July 31, 2026
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Azerbaiyán avanza, Armenia se frena: cómo Bakú toma la delantera en la carrera regional por el transporte

Por Yalchin Aliyev

BAKÚ, 20 de julio — A medida que se acercan los esfuerzos de paz entre Armenia y Azerbaiyán, el largamente discutido Corredor de Zangezur vuelve al centro del debate —aunque esta vez como un proyecto estratégico de alto calibre que trasciende sus objetivos originales.

Concebido inicialmente en el acuerdo trilateral del 10 de noviembre de 2020 como un enlace terrestre directo entre el territorio principal de Azerbaiyán y su enclave de Najicheván, el Corredor de Zangezur ha evolucionado en alcance y ambición. Hoy se vislumbra no solo como un proyecto de infraestructura nacional, sino como un futuro eje clave en una red de transporte regional y transcontinental que podría conectar Asia Central, el Cáucaso Sur, Oriente Medio y Europa.

Bakú construye, la región observa

Durante los últimos años, Azerbaiyán ha invertido intensamente en logística y transporte: desde la expansión del Puerto de Alat —el más grande del mar Caspio— hasta el desarrollo del ferrocarril Bakú–Tiflis–Kars, la digitalización de aduanas y la creación de centros multimodales. Con estos avances, Bakú se ha posicionado como una alternativa confiable en un panorama global inestable.

Ahora, el Corredor de Zangezur es visto como una pieza esencial dentro de esta red. El presidente azerbaiyano Ilham Aliyev estima que el corredor podrá manejar hasta 15 millones de toneladas de carga en su fase inicial, convirtiéndose en parte integral del llamado “Corredor Medio”: una ruta comercial que une China con Europa atravesando Asia Central y el Cáucaso Sur, evitando tanto a Rusia como a Irán.

Las obras del lado azerbaiyano están casi concluidas. Según Aliyev, el tramo ferroviario hasta la frontera con Armenia podría estar operativo ya en la primavera de 2026. El corredor también reforzará la ruta Norte–Sur, abriendo un segundo eje de carga desde Rusia hacia Irán, con posibilidades de extenderse hasta Turquía y el Golfo Pérsico.

Mientras tanto, silencio en Ereván

En marcado contraste, Armenia aún no ha comenzado las obras de su tramo del corredor. Pese a los cambios discursivos, no hay avances tangibles. “Lamentablemente, en cinco años Armenia no ha dado un solo paso,” señaló recientemente Aliyev. “Si siguen bloqueando el proceso, Armenia no solo quedará aislada en términos de transporte, sino también políticamente marginada.”

El mandatario advirtió que la inacción podría convertir a Armenia en un callejón sin salida geopolítico, excluida de las redes que podrían garantizar su futuro económico.

Una dimensión internacional

El proyecto también ha captado el interés de actores globales. Recientemente, el embajador de EE. UU. en Turquía, Tom Barrack, generó titulares al sugerir que la sección del Corredor de Zangezur sea arrendada a Estados Unidos por 100 años para su gestión. Aunque Armenia negó de inmediato cualquier plan en ese sentido, y Azerbaiyán rechazó rotundamente la idea de operadores extranjeros en su territorio, la propuesta refleja el creciente interés de las potencias en el futuro del transporte regional.

Aliyev fue claro: “No habrá operadores, ni arrendamientos, ni alquileres en nuestro territorio. Lo estamos construyendo nosotros. Lo que haga Armenia es asunto suyo.”

Persisten preocupaciones de seguridad

Azerbaiyán exige un acceso completo y sin restricciones a su enclave, sin control fronterizo armenio, mediación extranjera ni contacto físico que pueda poner en peligro a sus ciudadanos. Aliyev recordó experiencias del pasado, cuando durante la era soviética se lanzaban piedras a los trenes de carga que cruzaban territorio armenio. “Esto pasaba incluso bajo estricta disciplina soviética,” subrayó. “Hoy no podemos poner en riesgo la seguridad de nuestra gente.”

Un cruce estratégico de caminos

Para Armenia, el corredor ya no es solo un tema político: es una cuestión de relevancia. Mientras sus vecinos amplían su capacidad logística y las potencias internacionales se involucran, Ereván se enfrenta a una elección clara: integrarse a la dinámica regional o encerrarse en el aislamiento.

El Corredor de Zangezur podría convertirse en la prueba decisiva del próximo capítulo del Cáucaso Sur. La decisión de Armenia —construir o estancarse— definirá su papel en ese futuro.

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