Este verano, China parece haber abandonado definitivamente su postura de “mediador neutral” en la guerra ruso-ucraniana. En su lugar, ha comenzado a mostrar claramente su prioridad estratégica: evitar una derrota de Rusia.
¿Fin de la neutralidad?
Según South China Morning Post, el canciller chino Wang Yi habría asegurado a diplomáticos de la Unión Europea que “Pekín no quiere que Rusia pierda en Ucrania, por temor a que Estados Unidos se concentre luego en China”. La frase, difundida por medios bajo control estatal, difícilmente fue un desliz.
Aunque oficialmente China mantiene su discurso de apoyo al “diálogo y la paz”, las palabras de Wang Yi no han sido desmentidas. Y todo esto ocurrió tras la simbólica presencia de Xi Jinping en el desfile del 9 de mayo en Moscú.
Señales de una mayor implicación
Según la inteligencia ucraniana, China habría enviado a Rusia este verano 600 efectivos militares para entrenarse junto a tropas rusas en guerra terrestre, artillería, ingeniería y defensa antiaérea. También se ha denunciado el suministro de maquinaria, pólvora, componentes electrónicos y posiblemente incluso artillería pesada.
Aunque Pekín niega cualquier ayuda militar directa, Wang Yi habría sugerido que “si China realmente apoyara abiertamente a Moscú, la guerra ya habría terminado” —una declaración con implicaciones inquietantes.
Tres posibles escenarios
1. Escalada en el apoyo militar
Según Mijail Samus, director del New Geopolitics Research Network, “China ve la guerra en Ucrania como un conflicto indirecto contra EE.UU., y Rusia es su proxy militar”. Si Pekín detecta una ventaja estratégica clara —como debilitar a Washington— podría intensificar su ayuda armamentística a Moscú.
El medio ucraniano Defense Express advierte que, a diferencia de Corea del Norte o Irán, China dispone de un vasto arsenal de armas compatibles con los sistemas soviéticos utilizados por Rusia. Esto incluiría obuses, misiles y sistemas aéreos, cuya entrega masiva alteraría radicalmente el equilibrio en el frente.
2. Mantener el statu quo (el escenario más probable)
Por ahora, China parece satisfecha con su apoyo limitado: ayuda económica, suministros técnicos y respaldo diplomático. Esto permite a Moscú continuar la guerra, mientras Pekín evita sanciones directas y se beneficia del acceso barato a los recursos rusos.
“China quiere una Rusia debilitada, pero no derrotada. Una Rusia colapsada significaría un conflicto regional desestabilizador; una victoria rusa sería un triunfo que también puede comprometer a Pekín. El equilibrio actual les funciona”, explica el analista Pavlo Lakiychuk.
3. Reducción del apoyo a Rusia
Este escenario dependerá de dos factores:
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La presión de la Unión Europea: el acceso al mercado europeo, vital para China (especialmente para su industria automotriz), está en juego. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que “si China ayuda militarmente a Rusia, puede olvidarse de Europa”.
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Las amenazas económicas de Donald Trump: el expresidente estadounidense impuso un ultimátum de “50 días” para sancionar a los países que mantengan lazos comerciales con Moscú. Si vuelve al poder y aplica aranceles del 100% a productos chinos, Pekín podría verse forzado a revaluar su apoyo a Putin.
¿Y ahora qué?
Todo indica que agosto de 2025 será un mes decisivo. Mientras Putin sigue su ofensiva de verano, EE.UU., China y posiblemente la UE buscarán reconfigurar el equilibrio geopolítico.
“El formato actual de apoyo chino a Rusia seguirá hasta que cambie la temperatura entre Washington y Pekín”, afirma Lakiychuk. “Si hay distensión, China podría sacrificar a Rusia. Si sigue la confrontación, Moscú será su herramienta estratégica”.
Según la periodista Elizaveta Fokht de BBC Rusia, el conflicto ha entrado en una fase donde las decisiones ya no dependen solo del campo de batalla, sino del ajedrez diplomático entre tres grandes potencias: EE.UU., China y la UE.
Todo esto ocurre en medio de rumores sobre una posible cumbre entre Xi, Putin y Trump el 3 de septiembre en Pekín, durante la conmemoración del 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Una fecha que, paradójicamente, podría marcar el comienzo de una nueva era o el agravamiento de una guerra sin final claro.
Análisis basado en la cobertura de BBC Ucrania y BBC Rusia


