A medida que llega el clima frío, la demanda de alimentos semipreparados congelados aumenta en Azerbaiyán. Dumplings, khinkali, dolma y otros platos listos para cocinar aparecen no solo en los supermercados, sino también cada vez más en los mercados de redes sociales, donde vendedores privados atraen a los compradores con precios significativamente más bajos.
Pero detrás del ahorro pueden esconderse graves riesgos para la salud. Los compradores que probaron estos productos reportan experiencias variadas. “Compré dumplings en línea, pero la carne dentro no estaba fresca, aunque no estaba vencida”, recordó un consumidor. Otro dijo que solo compra en tiendas: “Siempre reviso la fecha de producción y las reglas de almacenamiento antes de comprar.”
El experto en nutrición Seymur Gafarov, en declaraciones a KhazarTV, advierte que la calidad y la higiene son preocupaciones clave.
“Antes de venderse congelados, los alimentos semipreparados deben congelarse individualmente y luego empacarse en plástico o cartón con el etiquetado adecuado,” explica. Los productos elaborados en cocinas caseras no controladas y vendidos a través de redes sociales, dice, representan el mayor riesgo.
“Los vendedores caseros generalmente no tienen conocimiento de los requisitos legales, no reciben formación en higiene, no pasan controles médicos y sus productos nunca se analizan en laboratorio,” agregó Gafarov. “Simplemente compran los ingredientes, preparan la comida en casa y la venden informalmente.”
La ausencia de un sistema de control de calidad es especialmente preocupante. Si los consumidores sufren vómitos, diarrea o intoxicación alimentaria, no hay un productor responsable al cual recurrir.
Según la Agencia de Seguridad Alimentaria de Azerbaiyán (AFSA), todas las empresas que venden alimentos deben registrarse y obtener los documentos necesarios. El cumplimiento se supervisa mediante inspecciones, quejas de ciudadanos e informes de los medios, y los productos inseguros se retiran del mercado. Pero los alimentos vendidos por particulares a través de redes sociales escapan en gran medida a esta supervisión.
El precio sigue siendo el principal atractivo. En las tiendas, medio kilo de dumplings cuesta alrededor de 7 manats, mientras que los khinkali georgianos se venden por 7,65 manats. En las redes sociales, sin embargo, los vendedores ofrecen 1 kilo de dumplings por 4–5 manats o khinkali por 35–40 qapik cada uno.
Los expertos en seguridad alimentaria advierten que los precios bajos pueden tener un alto costo, no para el bolsillo, sino para la salud de los consumidores.


