Saturday, August 1, 2026
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Deriva política de Armenia: ¿Huyendo de Rusia o congelada por Occidente?

Seba Agayeva

En los últimos meses, la política exterior de Armenia revela un giro geopolítico claro: un alejamiento de Moscú hacia Bruselas y Washington.

Pero tras las declaraciones fulgurantes y las contundentes críticas a Rusia no hay una estrategia meditada, sino desorientación política. Armenia, despojada de su apoyo tradicional, busca desesperada respaldo en Occidente—pero solo encuentra aliados temporales que no asumirán la responsabilidad de un socio débil y en crisis.

Durante décadas, Armenia cimentó su política exterior y de defensa sobre vínculos con Rusia: la OTSC, la base rusa en Gyumri, la dependencia energética y económica ofrecían protección formal, a costa de la autonomía.

Tras la guerra de Karabaj de 2020, la influencia de Moscú en Ereván se evaporó. La derrota caló hondo en la sociedad, y el gobierno de Pashinyán arremetió contra el Kremlin, intensificando la retórica anti‑rusa. Entre 2022 y 2025, Armenia congeló de facto su membresía en la OTSC, se abstuvo de ejercicios conjuntos, bloqueó decisiones y se distanció por completo de Moscú.

En ese contexto, comenzaron los discursos sobre integración europea, acercamiento a la OTAN y “valores compartidos” con Occidente. Pero Occidente aún no ofrece garantías firmes, solo señales tibias.

Ereván ha recibido más expresiones de apoyo, misiones europeas adicionales e iniciativas humanitarias intensificadas. Pero esto no equivale a compromisos militares o de seguridad sólidos.

En medio del caos interno, las acusaciones han dado paso al temor a ceder soberanía a Washington, luego de décadas de señalar a Rusia como enemigo.

Un reciente mensaje del diputado del partido gobernante Arsen Torosyan ilustra esta confusión interna: “La agencia rusa ansía un corredor por territorio armenio, mientras el gobierno nacional busca desbloquear comunicaciones.” Esto evidencia que no se discuten intereses nacionales sino nuevos alineamientos geopolíticos.

Armenia corre el riesgo de quedar aislada. Países vecinos como Turquía y Azerbaiyán no la ven como aliada confiable. Georgia mantiene neutralidad prudente. Los Estados del Sur Global tratan con Bakú como socio sólido y respetuoso de su soberanía.

Los intentos de Armenia por legitimar su política exterior internamente chocan con la realidad: ningún país occidental apoyará sus reclamos territoriales ni combatirá los resultados de Karabaj. Cualquier demora en reanudar el diálogo con Azerbaiyán recibe cada vez menos respaldo internacional, donde Bakú se percibe como promotor de estabilidad e integración.

En esa encrucijada, Armenia no tiene ancla estratégica. Rusia ha sido rechazada pero sigue influyendo. Occidente es atractivo pero no comprometido. La región es pragmática pero intolerante a ambigüedades.

Frente a ello, Azerbaiyán proyecta seguridad, autonomía y estabilidad, construyendo asociaciones desde Europa al Sur Global con base en el derecho internacional y el equilibrio de intereses.

Armenia aún tiene margen para elegir, pero la ventana se cierra rápidamente. Mientras Ereván postergue la realidad, más difícil será salir de su soledad política.

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