En los últimos meses, las autoridades han limitado oficialmente los festines ostentosos en ceremonias de duelo para combatir el despilfarro, respetar las normas religiosas y fomentar la igualdad social. Pero en la calle muchos se preguntan:
¿Por qué el derroche en las bodas, justificado con un “solo pasa una vez en la vida”, es inaceptable en funerales? ¿Acaso no se muere también una sola vez?
Si la meta es luchar contra el despilfarro, lo lógico sería aplicar restricciones también a las bodas: menús interminables, platos en exceso, espectáculos carísimos… La justicia social no debe aplicarse solo a los funerales, sino también a los enlaces matrimoniales.
Pese a las duras medidas contra el lujo en los funerales, la industria nupcial sigue intacta.
La diputada Elnara Akímova afirma que para que la lucha contra el despilfarro sea justa y efectiva, funerales y bodas deben medirse con la misma vara:
“Si prohibimos los banquetes fúnebres solo por combatir el despilfarro, también debemos limitar las bodas. Hoy en día el gasto excesivo está más ligado a las bodas que a los funerales. Hace años, algunos escritores pidieron boicotear las bodas modernas para frenar el derroche, pero no funcionó. Ahora hemos empezado a frenar el lujo en funerales, y creo que lo mismo se aplicará a las bodas.”
Akímova señala que en muchas bodas se gasta sin necesidad, se piden préstamos y eso deja a las familias con deudas pesadas. Por ello, muchos jóvenes temen casarse.
“Las celebraciones no tienen que ser desmesuradas. Podemos optar por un estilo más estético y minimalista. Hace falta educación social y normas legales ligeras para conseguirlo.”


