Friday, July 31, 2026
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La infidelidad como causa de tragedias familiares en Azerbaiyán: una mirada religiosa y psicológica


Una de las principales causas de rupturas familiares y conflictos domésticos —incluidos delitos— es la infidelidad conyugal. Sin embargo, la percepción social es ambivalente: la infidelidad masculina suele considerarse algo común, mientras que la femenina provoca una fuerte condena y se percibe como tragedia. Algunos líderes religiosos incluso afirman que la infidelidad del hombre puede justificarse desde la religión, a diferencia de la de la mujer. Esta postura genera intensos debates sobre igualdad, justicia y moral.

Perspectiva religiosa
El teólogo Tural Irfan rechaza categóricamente la idea de que la infidelidad masculina sea permisible en el islam:
«La fidelidad es obligatoria para ambas partes en la vida matrimonial. En el islam, la infidelidad —ya sea de un hombre o de una mujer— se considera adulterio y conlleva castigo según el Corán. No existe ningún versículo que otorgue libertad al hombre y restricción a la mujer. Los derechos son iguales, aunque en algunos aspectos el hombre tiene más responsabilidad debido a la mayor vulnerabilidad de la mujer».

Sobre la poligamia, explica que en el islam tuvo motivos históricos relacionados con la protección de viudas y huérfanos. Posteriormente se limitó a cuatro esposas, con la recomendación de conformarse con una. En la sociedad azerbaiyana moderna, la poligamia no es bien vista ni desde la perspectiva religiosa ni desde la legal.

Perspectiva psicológica
La psicóloga Samira Baghirova considera la infidelidad un fenómeno destructivo desde varios enfoques:
«Al estudiar distintas religiones, descubrí que, salvo el islam, ninguna permite la poligamia ni los matrimonios temporales. En el budismo y el hinduismo estas prácticas están estrictamente prohibidas. Desde lo esotérico, la infidelidad rompe el equilibrio energético entre los cónyuges: puede dar éxitos temporales, pero al final conduce al fracaso vital. Psicológicamente, la infidelidad es igual de destructiva para hombres y mujeres».

Para Baghirova, el amor es un sentimiento elevado vinculado a lo divino, y la infidelidad equivale a traicionar los valores más altos. «Algunos líderes religiosos, guiados por deseos personales, tergiversan las enseñanzas y confunden a la gente. Sin embargo, la esencia de la religión es la moralidad. Una persona con una alta cultura moral entiende que la infidelidad es inaceptable, ni desde lo religioso ni desde lo humano», concluye.

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