Saturday, August 1, 2026
spot_imgspot_img

Últimas

spot_img

Publicaciones Relacionadas

Las tensiones con Bakú no son la causa, sino el símbolo del cambio en Irán

Un solo comentario del presidente iraní Masud Pezeshkian en un mitin en Zanyán — “Si no podemos ser amigos de Azerbaiyán, y es Israel quien lo logra en nuestro lugar, entonces los culpables somos nosotros” — ha desatado una tormenta política en Teherán.

Para algunos, fue un llamado al sentido común y a la diplomacia. Para otros, rozó la traición a los intereses nacionales. La dura reacción en el parlamento y los medios reveló que las relaciones con Azerbaiyán han pasado de ser una cuestión de política exterior a ser el símbolo de una profunda división interna en Irán, entre el pasado y el futuro, entre la estrategia de confrontación y la visión de Pezeshkian de una nueva arquitectura de paz regional.

El diputado de Teherán Hamid Rasai acusó al presidente de socavar la unidad nacional, sugiriendo su origen étnico azerbaiyano. Además de los ataques personales, las críticas se centraron en Azerbaiyán. Pero los analistas dicen que la raíz de esta polémica está en otro lugar.

El analista político Farhad Mammadov declaró a Minval Politika que las palabras de Pezeshkian llegan en medio de un cambio profundo en la política exterior iraní.

“Con la caída del régimen de Bashar al-Assad, la derrota de Hezbolá y el debilitamiento de las milicias chiíes en Irak, toda la infraestructura e ideología del llamado ‘eje de resistencia’, que Irán ha construido durante más de 15 años, se está derrumbando”, explicó Mammadov.

Según él, Teherán ha invertido decenas de miles de millones de dólares en este proyecto — en recursos militares, financieros y diplomáticos — pero los acontecimientos recientes, incluidos los ataques en territorio iraní durante la guerra con Israel, han provocado una crisis interna.

“El espacio aéreo de Irán ya no es seguro, y los ataques contra sitios militares dentro del país son una realidad. Esto ha desencadenado un debate entre la élite política sobre el futuro del país y un posible reajuste estratégico”, añadió.

Dos caminos para Irán

Mammadov describe dos estrategias opuestas que emergen en Teherán.

La primera — constructiva — es promovida por Pezeshkian: normalizar relaciones con los vecinos, terminar con la costosa expansión y redirigir recursos a mejorar la vida de los iraníes. Aunque su origen azerbaiyano es usado en su contra, su diplomacia es coherente: ya ha visitado Azerbaiyán y Pakistán, planea viajar a Armenia y busca lazos más estrechos con Turquía.

La segunda — conservadora y radical — es la del campo que construyó el “eje de resistencia” y buscó la hegemonía regional. Ese modelo está en crisis, sus logros se desmoronan bajo la presión de Israel, EE. UU. y sus aliados.

“Este grupo ha gestionado enormes presupuestos durante más de 15 años, todo por la dominación regional. Ahora luchan por sobrevivir y usan la cuestión de Azerbaiyán como arma contra Pezeshkian”, señaló Mammadov.

Un símbolo, no la causa

Según el analista, el origen étnico del presidente, sus visitas a Bakú y sus llamados al diálogo son presentados por los duros como debilidad o traición, pero en realidad forman parte de una lucha interna por el poder y los recursos.

“Las tensiones con Azerbaiyán no son la causa de la división en la élite iraní. Son el símbolo de una transformación mucho más profunda”, remarcó Mammadov. “Esto no es solo una disputa de política exterior; es un debate sobre el futuro de Irán: si seguirá buscando la dominación por la fuerza o construirá buenas relaciones con los vecinos y se enfocará en resolver sus problemas internos”.

Artículos Populares