Bakú | 28 de julio de 2025
El Corredor de Zangezur es una iniciativa estratégica de Azerbaiyán que podría transformar significativamente la arquitectura de transporte y logística de la región, abriendo nuevos horizontes para el crecimiento comercial y económico, tanto en el Cáucaso del Sur como más allá.
En este contexto, la postura de Irán, especialmente a través de figuras como Ali Akbar Velayati, asesor del Líder Supremo, refleja no tanto una falsa preocupación, sino una percepción distorsionada de la realidad, alimentada por temores ideológicos ajenos a la verdadera esencia del asunto.
En su última declaración, Velayati afirmó que el proyecto del Corredor de Zangezur “no está destinado a la integración regional, la estabilidad económica ni al bienestar de los pueblos, sino que está planeado para rodear a Irán, Rusia y al ‘Frente de Resistencia’”. Según él, Teherán está respondiendo a esta amenaza no solo con palabras, sino también con acciones: “Irán ha desplegado fuerzas militares en sus fronteras y ha realizado ejercicios, demostrando su ‘línea roja’. La era de la política pasiva y observadora ha terminado – Irán ahora sigue una estrategia de prevención y acción activa. Detrás de este corredor están los EE.UU., la OTAN, el régimen sionista y los círculos pan-turcos”.
Los slogans familiares del ala arcaica de la política iraní, como las “líneas rojas” y los “ejercicios”, a los que, recordemos, Azerbaiyán y Turquía respondieron de manera mucho más contundente, se han vuelto tan repetidos que ya han perdido su impacto y casi no llaman la atención. Es poco probable que el término recién acuñado “círculos pan-turcos” sea percibido de manera diferente, simplemente se unirá a la lista de clichés retóricos que han perdido su efecto persuasivo.
La postura de Velayati plantea dudas sobre su comprensión de la realidad geopolítica y de la lógica básica: al rechazar la justificación de la existencia de un corredor de 42 kilómetros que conecta la parte principal de Azerbaiyán con Nakhchivan, lo califica como “una herramienta de cerco terrestre” de dos países, cada uno de los cuales tiene extensas fronteras terrestres, acceso a mares y diversas rutas de transporte. Además, ¿por qué Irán está tan preocupado por la aparición de terceros actores en la región y, sin embargo, cierra los ojos a la misión de espionaje de la UE en Armenia?
Cabe señalar que en Irán hay quienes creen que el Corredor de Zangezur abrirá el acceso a Irán para EE.UU. e Israel. Por ejemplo, el experto iraní en geopolítica, el profesor Abdurreza Farajirad, considera este proyecto como “la base para nuevos conflictos” y en sus entrevistas subraya la necesidad de una mayor cercanía entre Teherán y Armenia. Parece que no hay más cerca, aunque, por supuesto, esto es un asunto para ambas capitales. Pero, ¿en qué espejo distorsionado vio el experto iraní “la base para nuevos conflictos” en el Corredor de Zangezur? Es una cuestión retórica.
Por otro lado, algunos en Irán han expresado opiniones más equilibradas sobre cómo el Corredor de Zangezur podría contribuir a la restauración de las relaciones regionales. Por ejemplo, el exembajador de Irán en Azerbaiyán, Mohsen Pakayin, considera que la apertura de las rutas de comunicación en el Cáucaso del Sur “no debe hacerse a costa de ningún país” y destacó la importancia de implementar el proyecto del Corredor de Zangezur “sin violar la integridad territorial de Armenia”.
La crítica interesante la ofreció el analista político iraní Hamid Asefi, quien afirmó que el Corredor de Zangezur no es solo una ruta de tránsito y debe tomarse en serio: “Actualmente, Turquía, Azerbaiyán y los EE. UU. están revisando cuidadosamente el equilibrio de poder en el Cáucaso del Sur, mientras que Teherán sigue operando con cálculos que no tienen nada que ver con la realidad. Las estructuras decisorias en la política exterior de Irán no son capaces de evaluar adecuadamente la nueva situación geopolítica y siguen pensando en términos de enfoques ideológicos y de poder obsoletos”, señaló.


