El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, ha declarado agosto de 2025 como el inicio de una “vida pacífica y próspera” para Armenia, presentándolo como el punto de partida de una nueva era en el Cáucaso Sur.
En su canal oficial de Telegram, Pashinyan escribió:
“La paz se ha establecido [en la región], y debe convertirse tanto en una preocupación diaria como en un fundamento institucional. Agosto de 2025 se ha convertido en el punto de partida de una vida pacífica y próspera para la República de Armenia. Felicitaciones a todos por este acontecimiento.”
El primer ministro también reflexionó sobre la Declaración de Independencia de 1990 de Armenia, calificándola de producto de “posiciones ideológicas contradictorias” heredadas de la última etapa soviética. Argumentó que la psicología colectiva formada en ese momento nunca fue favorable a la construcción de un verdadero Estado armenio independiente.
“No debemos continuar el movimiento de Karabaj, porque significa cancelar la independencia de la República de Armenia”, escribió Pashinyan, subrayando que el rumbo actual de su gobierno — paz con Azerbaiyán y diálogo con Turquía — es la única estrategia viable.
Los partidarios aplaudieron la declaración como un reconocimiento valiente de la realidad y una aceptación pragmática de la paz. Sin embargo, los críticos señalaron rápidamente los riesgos. Argumentan que Pashinyan ofrece amplias concesiones sin garantías claras a cambio, una jugada que algunos comparan con la célebre proclamación de Neville Chamberlain en 1938 de haber asegurado “la paz de nuestro tiempo” tras el Acuerdo de Múnich.
Para ellos, los ecos son inquietantes: un líder celebra la paz mientras los adversarios se preparan para explotar cada debilidad.


