A partir de septiembre, las escuelas rusas reducirán las tareas para el hogar al mínimo. La medida vuelve a poner sobre la mesa la vieja pregunta que se discute en todo el mundo: ¿son necesarias las tareas en la era digital?
En el siglo XX, las tareas reforzaban lo aprendido en clase y ayudaban a asimilar nuevos conocimientos —cuantas más, mejor el resultado. Sin embargo, las investigaciones muestran que un gran volumen de deberes reduce las horas de sueño del niño, aumenta el estrés y limita el tiempo para el desarrollo creativo.
¿Por qué hace 20–30 años estos factores no impedían que los escolares durmieran y aprendieran bien?
La experta en educación Irada Guseynli señala que los alumnos del siglo pasado, aparte del colegio y los juegos en la calle, no tenían otras ocupaciones. No contaban con robots ni apps con inteligencia artificial al alcance —solo libros y la enseñanza del profesor—, por eso eran necesarias numerosas tareas para asimilar la materia.
“Hoy los niños pueden recurrir a robots y aplicaciones de IA que son casi como amigos. Los escolares modernos quieren aprender no solo en la escuela sino por su cuenta. Por eso las largas tareas escritas han perdido sentido”, dice la experta.
Al mismo tiempo subraya que las tareas conservan ventajas: forman la responsabilidad y las habilidades de expresión oral y escrita. Además, cuando el niño pide ayuda a los padres, se convierte en un trabajo conjunto que fortalece las relaciones familiares.
En muchos países se discute la cuestión de las tareas, pero no se ha renunciado por completo a ellas: ha cambiado el formato: importa más la calidad y la forma de encargo que la cantidad.


