Azerbaiyán ha dado un paso estratégico al comenzar a suministrar gas natural a Siria, lo que podría alterar el equilibrio de poder en la región y reforzar la influencia del país en Oriente Medio.
Así lo escribió el experto en energía y académico senior invitado de la Universidad George Mason (EE.UU.), Dr. Umud Shukri, en un artículo para Attaqa.
“El suministro de gas azerbaiyano a Siria es parte de una estrategia regional cuidadosamente planificada que combina influencia geopolítica e intereses económicos. Azerbaiyán está ampliando su diplomacia energética más allá de Europa y el Caspio, entrando al mercado de Oriente Medio a través de Turquía”, señaló.
Según el experto, el proyecto permite a Bakú establecer contacto con el nuevo gobierno sirio y, al mismo tiempo, fortalecer los lazos con Ankara. Además, el uso de infraestructura energética clave convierte a Azerbaiyán en un actor de ‘poder blando’, influyendo en la dinámica regional sin recurrir a la fuerza militar.
“La participación en la reconstrucción del país fortalece la imagen de Azerbaiyán como actor regional positivo, especialmente en las zonas del norte más afectadas. El proyecto de gas también contrarresta sutilmente la influencia histórica de Irán en Siria. Aunque Irán ha sido el principal apoyo del régimen de Assad, la participación de Azerbaiyán, respaldada por Catar y Turquía, ofrece a Damasco una alternativa de colaboración. Así, Bakú y sus aliados expanden su influencia”, subrayó Shukri.
El experto señaló que la alianza trilateral, con apoyo financiero de Catar, está formando un bloque en crecimiento capaz de cambiar las tendencias regionales y respaldar la recuperación de Siria.
“El proyecto contribuye a la estabilidad regional, mejora las perspectivas de una solución diplomática y facilita la reconstrucción económica y energética de Siria. A través del comercio y la infraestructura, esta cooperación energética puede sentar las bases para la paz en Oriente Medio y servir de modelo para iniciativas similares”, opinó.
En general, el proyecto marca una nueva etapa de integración regional, donde la diplomacia energética desempeña un papel clave en la resolución de conflictos, el refuerzo de la influencia política y la recuperación económica.


