Desde que el Corredor de Zangezur —una ruta para conectar Azerbaiyán continental con su República Autónoma de Najicheván a través de Armenia— apareció en la agenda del Cáucaso Sur, se convirtió en una de las principales fuentes de fricción entre Teherán y Bakú.
La posición oficial de Irán es que el corredor “violaría la soberanía e integridad territorial de Armenia”, presentándose como defensor de Ereván. En realidad, su preocupación es que la ruta reduzca la importancia del papel de tránsito iraní y reste valor a las conexiones actuales con Armenia, puerta de entrada a Rusia y Europa.
Ahora, la oposición iraní ha generado un resultado aún peor para Teherán. Según la declaración trilateral del 10 de noviembre de 2020, Rusia debía garantizar la seguridad del corredor. Pero el acuerdo firmado el 8 de agosto en Washington establece que será una empresa estadounidense la que lo operará. Para el ala dura iraní, esto es una pesadilla geopolítica.
No todos en Irán ven el corredor como una amenaza. El presidente Masoud Pezeshkian y el canciller Abbas Araghchi han reconocido que las preocupaciones de seguridad de Teherán han sido atendidas. Araghchi destacó el comunicado conjunto Armenia–Azerbaiyán, que establece tres principios: respeto a la soberanía, integridad territorial y rechazo a cualquier cambio de fronteras, todos acordes con la postura iraní.
En Moscú, la reacción también ha sido negativa. Se interpreta como un intento de desplazar a Rusia del Cáucaso Sur y abrir la puerta a la presencia de la OTAN en la región.
“Ruta Trump” redibuja el mapa
El diputado y analista Rasim Musabekov señaló que las reacciones de Irán y Rusia eran previsibles: “La nueva configuración geopolítica del Cáucaso Sur se construye a través del Corredor de Zangezur, ahora vinculado al nombre del presidente Trump: TRIPP, la ‘Trump Route for International Peace and Prosperity’”.
Lo que antes era un monopolio Irán–Rusia se ha visto alterado por la participación activa de Turquía, y ahora con la entrada de Estados Unidos, ambos ven amenazada su esfera de influencia.
Lucha de poder en Teherán
Según Musabekov, la oposición dura proviene principalmente del círculo conservador del líder supremo Ali Jamenei, especialmente de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), tradicionalmente anti-azerbaiyana y antiestadounidense. Sin embargo, el debate refleja también la pugna por el futuro de Irán tras la eventual salida de Jamenei.
Mientras el asesor Ali Akbar Velayati y la IRGC mantienen una línea dura, Pezeshkian habría sumado a la influyente familia Larijani, con peso en el parlamento, la judicatura y la seguridad. Este bloque podría contrarrestar a los conservadores y dar paso a una política exterior más pragmática.
Rusia se acomoda… por ahora
Moscú se vio obligado a elogiar públicamente las conversaciones de Washington. La portavoz Maria Zajárova presentó los acuerdos como continuación de la mediación rusa, algo necesario antes del encuentro previsto entre Putin y Trump en Alaska. Aun así, un acuerdo cerrado en Washington sin Rusia erosiona su capacidad de control sobre Armenia y Azerbaiyán.
El equilibrio estratégico de Azerbaiyán
Musabekov cree que la implementación será clave. La obra no es compleja: gran parte de la infraestructura ya existía y solo requiere restauración. Contrastó el puente terminado por Azerbaiyán sobre el río Araz en Julfa con el retraso iraní en Agbend, instando a Teherán a ofrecer condiciones de tránsito competitivas en vez de amenazas vacías.
En última instancia, dijo, Bakú no fijará su política para agradar ni a Moscú ni a Teherán:
“Profundizará lazos con EE.UU., reforzará la alianza con Turquía y ampliará la cooperación estratégica con China para garantizar la soberanía de Azerbaiyán y de los demás países de la región — sin sacrificarla a las ambiciones geopolíticas de Moscú o Teherán.”

