El polémico diputado ruso y general retirado Andréi Gurulev — famoso por amenazar a Occidente con ataques nucleares y pedir el regreso de los Gulags soviéticos — ha puesto ahora a Azerbaiyán en su punto de mira.
En su canal de Telegram, el miembro de la Duma Estatal del partido oficialista Rusia Unida sugirió imponer sanciones, prohibir la importación de productos azerbaiyanos y hasta extender la llamada “operación militar especial” de Moscú hasta la frontera con Azerbaiyán.
Las declaraciones extremas de Gurulev son ya conocidas. En junio de 2024, afirmó en la televisión estatal que Rusia debía lanzar un ataque nuclear contra los Países Bajos para “poner a Europa de rodillas”. Más tarde, tras la autorización de Washington para que Kiev usara misiles ATACMS contra objetivos rusos, pidió un ataque nuclear “demostrativo” contra Estados Unidos, asegurando que no provocaría represalias.
A principios de 2023, en el canal ultraconservador Tsargrad TV, propuso enviar a los ciudadanos “que trabajen contra el Estado” a un sistema de Gulag reabierto: “Quiero ver a quienes dañan a nuestra Patria picando piedra en la carretera de Kolyma”, dijo.
Ahora apunta a Azerbaiyán, instando a las autoridades a “cortar las alas” a los empresarios azerbaiyanos en Rusia y dejando entrever acciones militares transfronterizas.
Estas amenazas están desconectadas de la realidad. Rusia ya no es la superpotencia que Gurulev imagina, sino una economía sancionada que depende de la exportación de materias primas y de la importación de electrónica china. Hablar de boicotear frutas, verduras y vinos azerbaiyanos en un mercado dominado por productos turcos, iraníes y azerbaiyanos es absurdo.
Más inquietantes son sus amenazas militares. Con un ejército que ya enfrenta problemas de personal, equipo y municiones en un solo frente, abrir otro parece inviable. En la fantasía de Gurulev puede que sea posible, pero en la geopolítica real esas ideas chocan con los hechos.
Para Bakú, este tipo de retórica no es nueva. Azerbaiyán ha consolidado alianzas estratégicas en todo el mundo, reforzando su soberanía, seguridad y posición internacional. Las salidas agresivas desde Moscú solo aumentan su determinación de seguir su propio camino, con fuerza y habilidad diplomática.
Azerbaiyán no será peón en juegos geopolíticos ajenos — y está listo para responder a cualquier desafío con confianza y firmeza.

