Saturday, August 1, 2026
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Tensión creciente entre Bakú y Moscú: ¿una ruptura inevitable?

Por @mneniyefm

Las recientes declaraciones del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, sobre la posible presentación de una demanda ante tribunales internacionales por el derribo del avión civil de AZAL por parte de las fuerzas rusas, han vuelto a poner en primer plano la crisis en las relaciones entre Azerbaiyán y Rusia.

Desde el inicio del incidente, Bakú optó por no internacionalizar el proceso, rechazando la participación de la CEI, Estados Unidos y la Unión Europea, y limitando la investigación al marco formado por Azerbaiyán, Rusia, Kazajistán y la OACI. Una muestra clara de prudencia política que no fue debidamente valorada en el Kremlin.

Según las reglas de la OACI, el informe final debe publicarse al cabo de un año. Solo si no se logra un consenso, las partes podrán recurrir a la justicia internacional. Con su anuncio, Bakú lanza una advertencia: aún hay tiempo para una solución bilateral, pero la paciencia se agota.

El presidente Aliyev dedicó toda su intervención pública al tema del avión, señal clara de que considera este el núcleo del actual desencuentro con Moscú. No es casualidad. Tan solo tres meses antes del incidente, el presidente ruso Vladimir Putin realizó una visita oficial a Azerbaiyán. Una visita que tuvo un alto coste diplomático para Bakú, provocando la ausencia de varios líderes occidentales en la cumbre COP29. A pesar de ello, el gobierno azerbaiyano mantuvo el protocolo y el nivel más alto de hospitalidad.

Sin embargo, la inacción de Rusia desde el inicio del año ha generado en Bakú la impresión de que Moscú considera el incidente como un hecho consumado y cerrado. El cierre de la oficina de Rossotrudnichestvo en febrero fue un intento fallido de enviar un mensaje al Kremlin.

Sí, Rusia ha mostrado gestos de atención, pero ninguno relacionado directamente con el avión. En abril, un enviado especial de Aliyev mantuvo negociaciones en Moscú; el Kremlin sabía lo que esperaba Azerbaiyán, pero no actuó.

En respuesta, Aliyev no asistió al desfile del 9 de mayo, aunque sí envió fuerzas especiales a participar, en señal de respeto al legado de la Segunda Guerra Mundial.

El presidente azerbaiyano ha asumido el liderazgo en esta crisis diplomática, haciendo públicas sus expectativas y tomando medidas claras. A partir de entonces, comenzaron los ataques personales desde medios rusos vinculados al aparato de comunicación del Kremlin. Bakú lo notó y respondió. Las menciones al presidente Putin en medios azerbaiyanos fueron, según se entiende, reacciones calculadas.

Luego llegó el incidente de Ekaterimburgo y una serie de eventos que agravaron aún más la relación bilateral. Los mensajes enviados desde Moscú a través del ministro de Emergencias fueron ignorados, por no referirse al tema del avión.

Bakú ha sido claro: solo la identificación y sanción de los responsables, acompañadas de disculpas oficiales y compensaciones, permitirán restablecer el diálogo. De lo contrario, el riesgo de nuevas crisis es alto.

En Azerbaiyán creen que ciertas estructuras de poder en Moscú guardan resentimiento hacia su país, y las provocaciones podrían escalar si el Kremlin no actúa para frenarlas. Cada provocación no respondida se interpreta como una luz verde desde el poder central.

La espiral de tensiones sigue creciendo, pero aún hay margen para la desescalada. En Bakú están preparados para ambos escenarios, aunque, como siempre, su preferencia es la vía diplomática y constructiva.

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