La cumbre de Washington y la declaración de paz firmada entre Azerbaiyán y Armenia bajo mediación de EE. UU. son vistas en Georgia como un punto de inflexión que podría redefinir toda la arquitectura del Cáucaso Sur. Para Tiflis, el documento encierra tanto promesa estratégica como riesgo político.
El diputado georgiano y analista político Dmitry Lortkipanidze dijo a Kaspi que el acuerdo se percibe en el país como un “precedente histórico”.
“Por primera vez en décadas de conflicto y desconfianza, las partes alcanzaron un acuerdo no impuesto por coerción externa, sino diseñado en un marco que reconoce la soberanía y el derecho internacional”, afirmó.
Una ventana de oportunidad — y el temor a la sombra rusa
En el debate público georgiano, la declaración se entiende como una apertura hacia la cooperación en transporte, energía, comercio y proyectos humanitarios. Iniciativas largamente discutidas como el Corredor Medio o el enlace de Zangezur podrían finalmente ganar impulso, con Georgia como puente diplomático y de tránsito.
Pero Lortkipanidze advirtió que el optimismo está limitado por la realidad.
“Ningún acuerdo es sólido sin reformas reales y confianza social. Y Rusia, que tradicionalmente bloquea procesos que no controla, sigue siendo un factor constante”, señaló.
Corredores que redefinen la geopolítica
El experto subrayó que el paso de Zangezur y la ruta Norte–Sur (7.200 km, de San Petersburgo a Bombay) podrían situar a Georgia en el centro de dos mega-corredores, transformando la logística euroasiática.
“Georgia puede convertirse en un vínculo vital tanto en el Corredor Medio como en la cadena Norte–Sur. Es una oportunidad para transformar la turbulencia en desarrollo sostenible”, argumentó.
Entre la oportunidad y el riesgo
Sin embargo, los desafíos siguen siendo graves. Georgia aún carece de control sobre el 20% de su territorio — Abjasia y la región de Tskhinvali — y cuenta con unos 400.000 desplazados. Moscú mantiene una fuerte presencia, mientras que un tercio de los georgianos étnicos vive en Rusia.
En este contexto, Lortkipanidze considera que el ascenso del papel de EE. UU., la OTAN y Turquía es a la vez un riesgo y una oportunidad:
-
Riesgos: Georgia podría convertirse en escenario de rivalidad de bloques, sufrir nuevas presiones sobre su seguridad frágil y ver perturbados sus corredores de comercio y energía.
-
Oportunidades: Consolidar su papel como eje del Corredor Medio, reforzar la conectividad del Mar Negro y diversificar los flujos energéticos.
“Estratégicamente, Georgia debe profundizar sus lazos con EE. UU., la OTAN y Turquía, pero sin romper puentes con Rusia ni con los vecinos. Solo un equilibrio pragmático puede evitar nuevas líneas de fractura”, concluyó Lortkipanidze.


